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Macario Schettino
Macario Schettino
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Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Es profesor en la división de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey. Ha publicado 15 libros, el más reciente: "Cien años de Confusión. México en el siglo XX", con Taurus. Su columna consiste en análisis sencillos de fenómenos económicos y financieros.

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26 Junio 2009 03:47:17
Elegir el futuro
El lunes nos dijo el Foro Económico Mundial que somos todavía menos competitivos. Lugar 60, entre 134, pero lo desafío a imaginar cuáles son esos 60 países más competitivos que México. Se le van a acabar los nombres rápidamente. El miércoles, fue la OCDE la que nos anunció que la caída de nuestra economía será de 8%, la peor, junto con Estonia, entre los países que esta organización analiza. La peor crisis global de la historia reciente nos pega mucho más fuerte porque no somos competitivos.

Pero lo más grave es lo que viene, sin duda. Después de haber vivido del petróleo por tres décadas, ya no podremos hacerlo. Los ingresos que nos dará el crudo el próximo año apenas alcanzarán para pagar los combustibles que importamos, y nos sobrarán 4 mil, tal vez 5 mil millones de dólares. La quinta parte de lo que esta balanza energética nos aportaba hace dos años. No nos va a alcanzar para cubrir el déficit en el resto del comercio, por mucho, y el valor del peso dependerá de que obtengamos 25 mil millones de dólares en inversión extranjera directa. Pero esta inversión no va a llegar si seguimos cayendo en el índice de competitividad, o peor, si las empresas calificadoras nos bajan el nivel, como han amenazado, precisamente porque la caída en producción de petróleo no sólo amenaza las cuentas externas, sino también las finanzas públicas. Nos faltan ahí 300 mil millones de pesos, nomás para mantener el gasto en condiciones razonables.

Habrá muchos que usarán esta información para desacreditar lo que México ha hecho en los últimos 25 años. En su óptica, esto demuestra el fracaso del neoliberalismo y del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Y su argumento es fácil: no hemos crecido, hemos tenido crisis, no somos competitivos, no logramos nada, pues, frente al 6% o 7% de crecimiento anual que México mantuvo desde los años 50 hasta fines de los 70. Es un argumento fácil, pero falso.

En realidad, lo que hoy enfrentamos es lo que construyó el régimen de la Revolución. Si hoy el mercado laboral nos coloca en el lugar 110 de 134 en el índice del Foro Económico Mundial, no es por medidas tomadas en estos últimos años, sino por la manera en que el régimen construyó un sindicalismo corporativo para sostenerse en el poder. Si hoy estamos en el lugar 90 en innovación es porque ese régimen creó y mantuvo empresarios ineficientes, a los que no cobró impuestos y a los que les mantuvo un mercado cerrado, para que abusaran de los consumidores. Si estamos en el lugar 74 en educación superior se debe a esas universidades que el régimen creó para darse legitimidad y a las que entregaba miles de millones de pesos cada año sin ninguna medición de desempeño, sin pedir nada a cambio, más que lealtad.

Las fallas de la economía mexicana no son nuevas, no empezaron con la globalización o el neoliberalismo: son fallas creadas por el régimen de la Revolución, no porque se haya distorsionado o desviado ese régimen, sino porque así fueron hechas desde el principio. El régimen descansaba en una estructura corporativa, de obreros, campesinos, empresarios y universidades, que tenía que pagar. Y la pagaba con rentas que extraía al resto de la población. Y bajo ese sistema la única posibilidad de crecer es teniendo recursos adicionales, que al principio provinieron de más hectáreas sembradas, hasta que el terreno se acabó en 1965, y entonces hubo que recurrir a la deuda externa, hasta que el país quebró en 1982, y desde entonces vivimos del petróleo, que ahora se termina.

Por eso he escrito en varias ocasiones que México tiene sólo dos caminos: modificar por completo la estructura económica y aspirar a ser la quinta economía mundial, o convertirse en un Estado fallido. No hay términos medios, aunque parezca muy extraño, porque ese espacio de en medio ya lo agotamos. No es cosa de parches en materia fiscal, o pequeños acuerdos laborales, es necesario entrar a fondo, y muy rápido.

Aunque el régimen de la Revolución desaparece en 1997, la estructura económica que creó se mantiene. No ha podido eliminarse porque no ha habido mayorías desde entonces. Hemos vivido un interregno muy largo: 12 años sin poder tomar decisiones de fondo. El fin del régimen no se ha acompañado de la creación de uno nuevo, y las inercias nos van matando.

No ayudará en nada anular votos en este proceso. Lo que urge es tener una mayoría modernizadora que pueda impulsar el cambio profundo. Y, por muchos defectos que pueda usted verle, es el PAN el partido que más probabilidad tiene de promover esta mayoría, junto con una fracción del PRI (la dirigida por Beltrones) y una del PRD (Nueva Izquierda), que son más difíciles de identificar para el votante. Asegúrese de votar por alguno de ellos, si quiere usted un futuro para México.

http://www.macario.com.mx

Profesor de Humanidades del ITESM-CCM

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