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Eduardo Brizio
Eduardo Brizio
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El ex árbitro profesional conoce el comportamiento del futbolista dentro y fuera del campo de juego. Gusta de escribir de forma amena las innumerables anécdotas que su paso por el futbol profesional le ha dejado, claro, sin dejar a un lado la crítica y el comentario puntual cuando un tema polémico está en el aire. Siempre va en favor de la libertad de palabra y acción. Correo Electrónico: [email protected]

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30 Septiembre 2009 03:35:26
En pocas palabras, primero… limpien la casa
Antes de quitar las rejas de todos los estadios en México, deberían evitar muchos de los vicios que no dejan a nuestro futbol crecer


En virtud de que el equipo Santos Laguna está a punto de estrenar estadio el cual se llamará “Territorio Santos Modelo” y dicho inmueble no contará con alambrado perimetral que proteja la cancha de posibles invasiones de los espectadores, el cuadro lagunero ha optado por jugar los tres últimos partidos que le tocan en el vetusto Corona, retirando la malla protectora, con la finalidad de que, por un lado, el público se vaya acostumbrando y por el otro, hacer una prueba viviente respecto del comportamiento que podría llegar a tener “el respetable” en el nuevo escenario lagunero.

Les comentaré que desde mi punto de vista, la afición de La Laguna es la peor que existe en México en cuanto a comportamiento se refiere.

Ejemplos de este comentario sobran, pues el juez de línea (hoy árbitro asistente) del lado de sol, termina “horneado”, de los carrujos de marihuana que se consumen sobre esa localidad; además, más de la mitad de los asistentes, al término del partido abandona el estadio “hasta las manitas”, debido a la gran cantidad de cerveza ingerida; sin mencionar que la cancha se encuentra rodeada por policías, uno cada 20 metros, para proteger a los participantes en el “improbable” caso de que uno o varios aficionados tuvieran la ocurrencia de brincar la hoy inexistente alambrada perimetral y llegar hasta el campo de juego.

Bueno, también vale la pena mencionar que en los tiros de esquina, es menester que media docena de policías protejan con sus escudos al ejecutor del servicio, quien recibe toda clase de líquidos y proyectiles. Además, para entrar y salir de la cancha es necesario accionar un túnel inflable para resguardo de la integridad física de árbitros y jugadores.

Lo grave en este asunto es que de una problemática particular (la que se avecina para el nuevo estadio de Torreón el próximo noviembre) han hecho un tema general (en la universalidad del balompié mexicano) y ahora aseguran que se pretenden quitar las mallas de seguridad en todos los estadios nacionales, argumentando que así sucede en el futbol inglés. Para mi gusto, lo único que están haciendo es dando el primer paso para que ocurra una tragedia.

Lo peor de todo es que como ocurre en otras cuestiones, dentro de nuestro “brillante” balompié, antes de pensar en quitarlas, deberían empezar por desaparecer muchos otros males que aquejan al futbol nacional, empezando con el famoso “pacto de caballeros”, continuando con los dobles contratos con los que se arreglan los futbolistas con sus respectivos clubes, la multipropiedad de equipos, el Régimen de Transferencias, los monopolios, el llamado ordenador que designa a los silbantes jornada tras jornada, la reventa de boletos, que impunemente actúa sin que nadie mueva un dedo para erradicarla, los promotores, la impunidad, el quitar castigos a conveniencia, el anteponer los intereses económicos a los deportivos, echarle la culpa a “la secretaria” de todos los yerros y omisiones administrativos, sin olvidar la poca autonomía de que gozan las Comisiones de Árbitros y la Disciplinaria, además de evitar a toda costa esa mano que mece la cuna; en pocas palabras, primero… limpien la casa.
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