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Fausto Fernández Ponte
Fausto Fernández Ponte
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Don fausto fernández ponte es poseedor de un impresionante y sólido currículum: 50 años de periodista profesional. Su opinión y columnas periodísticas son respetadas en ese ámbito, por el prestigio que a pulso se ha ganado, es considerado una autoridad en su campo. Además de corresponsal de guerra, ha entrevistado a jefes de estado y de gobierno de la talla de Lyndon B. Johnson, Richard M. Nixon, Indira Gandhi y William Clinton.

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04 Febrero 2009 04:53:26
Enrique, Fidel y Manlio
Aunque la renovación del Ejecutivo será en 2012, la puja por la postulación priísta tiene ya muchos postores

Por sesgos y giros del destino –entendido éste en un sentido ajeno a interpretaciones esotéricas y metafísicas–, los gobernadores Enrique Peña Nieto, del Estado de México, y Fidel Herrera Beltrán, del de Veracruz, comparten suerte que antójanse macabra y de hechura y autoría propia. Ambos han desatado fuerzas de dificilísimo control.

Hágase la salvedad que en este espacio no suélense tratar temas de coyuntura –por definición efímeros y sin mayor alcance–, pero los asuntos abordados hoy acerca de los gobernadores citados trascienden lo circunstancial y devienen en coyundas y articulaciones de sucedidos trascendentes. Antójanse connubio dialéctico.

Véase:

1) El asesinato, de ocurrencia misteriosa y, desde luego, aún no aclarado, de un miembro de la extensa familia Yunes de políticos, educadores y empresarios en Veracruz podría tener consecuencias no muy gratas para el gobernador del estado veracruzano, el señor Herrera, notorio chapucero patológico en toda lid política y por añadidura represor avieso de opositores.

2) El fallo favorable de un tribunal colegiado a los perseguidos políticos de Atenco que, en revisión, les concedió amparo a éstos, lo cual precede resoluciones por venir de la Suprema Corte de Justicia de la Nación a favor de otros acosados y hostilizados políticamente por el poder político del Estado mexicano y el Estado mexiquense.

Despúlpense a seguidas, primero, el asunto atañedero a la familia Yunes e identifíquense, luego, los componentes del contexto dentro del cual ocurrió el asesinato de José Antonio Yunes Zamudio.

Al menos tres de los Yunes –Miguel Ángel Yunes Linares, su hijo del mismo nombre y Fernando–, situados en la antípoda al PRI que en el confín veracruzano se representa en el PAN, son objeto de hostigamiento variopinto por el mandatario Herrera, quien confunde esa investidura subrogada con la de mandante. Olvida que el mandante es el pueblo.

Por supuesto, nadie demostraría responsabilidad legal de una presunta autoría intelectual y/o material del asesinato al propio gobernador, pero el señor Yunes, quien es director general del ISSSTE y se le atribuyen anhelos a suceder a don Fidel en 2010, ha acusado al Mandatario. Y lo ha hecho públicamente, en noticieros de televisión.

Empero, si bien el Gobernador pudiere no tener responsabilidad penal alguna, sí tiene responsabilidad moral, pues ha creado condiciones conducentes a perseguir y reprimir al señor Yunes y a su descendencia en la vida política local. Esa responsabilidad moral tendría, predeciblemente, consecuencias. Secuelas negativas, agregaríase.

Don Fidel, como es público, realiza una intensísima campaña de proselitismo paraelectoral con metas insoslayables: una, que la diputación federal veracruzana sea abrumadoramente priísta; otra, que su sucesor en la gubernatura sea un paniaguado que, por ello, no repare en el desorden administrativo de su gestión que le heredaría ni en la corrupción rampante y escandalosa de ésta.

La responsabilidad moral por las condiciones contextuales en Veracruz propicias a un asesinato político como el descrito se convierte en un pasivo para el señor Herrera en su búsqueda de la postulación del PRI a la Presidencia de la República, aspiración que al parecer comparte, competitivamente, con el señor Peña Nieto y, presúmese, con el senador Manlio Fabio Beltrones.

Los amparos concedidos a los perseguidos políticos del señor Peña Nieto tienen también el mismo efecto: son un obstáculo –que pudiere ser formidable e incluso insuperable– en la ruta de sus anhelos presidenciables. A ningún priísta raso ni mucho menos a los de la cúpula les resulta atractivo postular a represores notorios e intolerantes.

Por añadidura, ambos mandatarios locales han exhibido magra, si no es que nula, inclinación por la tolerancia y sí, por contrapartida, vocación por las soluciones de fuerza, de prejuicio extremo incluso, a disidencias, y de actuar con ventajosa y alevosamente en agravio de sus opositores.

En el caso de los perseguidos de Atenco, el mandatario local es corresponsable con el poder político federal, el del Estado nacional al cual están adheridos los 31 Estados Unidos Mexicanos. Los amparados son Bernardino Cardona y Jesús Adán Espinosa Rojas. En la SCJN se examinan los casos de Ignacio del Valle, Felipe Arizmendi y Héctor Galindo. Todos ellos son miembros del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierras, pero los tres últimos están presos en el penal de alta seguridad del Altiplano.

Esto le dejaría el camino libre de obstáculos aparentes al señor Beltrones, quien, habiendo sido gobernador de Sonora y, antes, subsecretario del despacho de Gobernación, pudiere guardar algunos esqueletos en el proverbial closet.
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