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Federico Muller
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31 Enero 2020 03:09:00
Entorno Económico
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El hábito de la lectura en la sociedad, para muchos especialistas en la enseñanza, es un indicador fiable del desarrollo educativo nacional que se tiene, a pesar de las plataformas digitales, que ofrecen libros electrónicos, los textos impresos siguen circulando y mientras haya un mercado su existencia se prolongará.

Los sondeos más recientes que se han hecho a escala planetaria para conocer el interés de los ciudadanos en la lectura, se basan en libros impresos o tradicionales. Hay diferentes formas de medir la lectura de una población, las dos más recurrentes han sido: libros promedio leídos per cápita-mente en un año, y las horas por semana que dedica la persona a la lectura; algunas organizaciones supranacionales también consideran el tiraje anual de libros producidos por un país, como otro factor que contribuye a indagar sobre el consumo de libros.

El apetito por la lectura, en muchas ocasiones, se asocia a mejor calidad de vida y más desarrollo económico.

En ese sentido, en 2013, los países que más tiempo dedicaron a la lectura semanal fueron India, Tailandia y China; con 10.7, 9.4 horas y 8 horas respectivamente.

Además China, quizá por el tamaño de su población, es la nación que lleva el liderato en la producción de libros. Con excepción de Tailandia, las otras dos naciones son economías emergentes, con un gran potencial para el futuro cercano. Los mexicanos leen en promedio 5.5 horas por semana, por debajo de la media mundial, que en ese año fue de 6.5 horas a la semana.

El otro indicador, considera en promedio, los libros leídos anualmente por los habitantes de un país. Según un estudio que realizó la UNESCO y la OCDE, en 108 países del mundo, nuestro país ocupó el lugar 107, en promedio se leen 2.8 libros por persona, por debajo de Chile, Venezuela y Argentina. Una de las razones, puede ser el porcentaje de la población mexicana que se mantiene rezagada, y todavía es analfabeta, otra se puede atribuir a los programas educativos, que no priorizan e incentivan a la lectura como un elemento insustituible para la formación de un alumno.

Sin pasar por alto, los distractores que se presentan, particularmente entre los jóvenes, que obstaculizan el hábito de la lectura, entre ellos, las redes sociales. Debido a la precaria lectura, se presenta una situación nada atractiva para fomentar esta actividad. En el territorio nacional existe una biblioteca por cada 15 mil habitantes, e incluyendo las universitarias y de educación media superior, una librería por cada 200 mil habitantes.

Saltillo ha sido testigo del desinterés de la población por hacer rentable el negocio de la venta de libros. De las librerías que se encontraban en el primer cuadro de la ciudad, todas han desaparecido, con excepción, de la librería Carlos Monsiváis, aunque es relativamente reciente en la ciudad, y tiene vínculos con el Fondo de Cultura Económico.

Pero fuera de ella, las pocas que sobreviven se localizan al norte de la ciudad. Se puede pensar que la desaparición obedeció a la digitalización de los libros, sin embargo, el “bajar las cortinas” fue anterior a la era electrónica. Una manera de formar mejores ciudadanos es fomentando en ellos, desde el parvulario, el hábito de la lectura.
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