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Fausto Fernández Ponte
Fausto Fernández Ponte
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Don fausto fernández ponte es poseedor de un impresionante y sólido currículum: 50 años de periodista profesional. Su opinión y columnas periodísticas son respetadas en ese ámbito, por el prestigio que a pulso se ha ganado, es considerado una autoridad en su campo. Además de corresponsal de guerra, ha entrevistado a jefes de estado y de gobierno de la talla de Lyndon B. Johnson, Richard M. Nixon, Indira Gandhi y William Clinton.

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14 Enero 2010 05:03:02
Entre el César y Dios…
La Iglesia ha combatido a los descreídos

Los representantes de Dios en la tierra y los representantes del pueblo tienen, ambos, una representación espuria”. El aforismo atribuido a la legendaria dirigente republicana española Dolores Ibarruri, La Pasionaria, es fiel al espejo diario si traído al plano mexicano. En España, la II República fue destruida por el franquismo atroz y un tercer protagonista, la Iglesia.

Sí, la Iglesia. La Iglesia católica, aclárese, que se desempeñó durante la guerra civil española como un partido político sustentador de Francisco Franco –a quien ungió como brazo armado de Dios- para exterminar a los descreídos.

Detrás de ese genocidio patrocinado por la Iglesia había, como lo sigue habiendo, un interés estratégico: evitar que un Estado laico –el republicano- se consolidase en España y acotare el poder económico y político de la religión organizada.

Ese poder económico se nutre del financiamiento del Estado español a la Iglesia católica, de modo que las limosnas de los feligreses y las ganancias de los muchos negocios de ésta institución van a dar al Vaticano, limpios de polvo y paja.

Así, de los elevados impuestos que el hispano medio paga al Estado, una parte considerable se destina a financiar a la Iglesia y sus operaciones y los quehaceres de su muy gruesa burocracia, que además actúa como una organización de control social. En México, como en España, la Iglesia ha combatido a los descreídos, en particular a aquellos situados en la estructura del poder político del Estado. Ha financiado, promovido y realizado incluso guerras fraticidas en varias modalidades execrables.

Se opuso, desde luego, a la Independencia y, luego, a la Reforma y más tarde a la Revolución, a la que le hizo la “guerra cristera” –adquirió armas y creó un ejército— y, desde entonces, ha continuado combatiendo bajo varias guisas al Estado laico.

La Iglesia católica, como consorcio económico y organización política de control social, se nos ofrece en nuestra historia como enemiga del pueblo mexicano. Ello, aclárese, no significa que Dios, doquiera en nuestra psique, sea enemigo de México.

El contencioso mediático entre la Iglesia católica –a la que se sumaron otras iglesias cristianas— y la vertiente local defeña del poder político del Estado mexicano accedió a conflicto internacional a causa del matrimonios entre “gays” y poder adoptar hijos. O, al menos, así parece.

Por un lado, el Estado Mexicano y, por otro, el Estado Vaticano, que es un ente político formal, constituido, desde cualesquier perspectivas que se le quiera ver, la jurídica –el derecho internacional— y la cultura del poder.

El Estado Vaticano es, pues, un verismo insoslayable; es realidad no necesariamente enteléquica y moral, sino material y actuante. Para los demás estados en el planeta, el Vaticano es una concreción organizada no por una sociedad, sino por intereses de poder.
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