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Jorge A. Meléndez
Jorge A. Meléndez
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24 Agosto 2019 03:50:00
¡Eres un #$%&!/!!
Elige un adjetivo para completar tu insulto:

“Achichincle, alcahuete, aprendiz de carterista, arrogante, blanquito, calumniador, camajanes, canallín, chachalaca, cínico”...

Claro, parte de la galería de injurias de ya sabes quién recopilada hace poco por el genial Gabriel Zaid en Letras Libres.

En la era de las redes sociales y la hipercomunicación, insultar es una estrategia exitosa del populista para minimizar al que piensa distinto.

Trump es un maestro. Y como bien dice Zaid: AMLO es un poeta.

Sin embargo, en realidad el insultador patogénico siempre terminará mal. Morirá de uno de los 8 cánceres del insulto:

1. El que insulta se cierra al debate. Al descalificar evade analizar y mejorar las ideas propias.

2. La que insulta no aprende. Aun la sabia más sabia puede aprender, pues la sabiduría no es universal. La que no escucha termina siendo irremediablemente estúpida.

3. El que insulta no innova. Los puntos de vista complementarios y el trabajo en equipo son claves para retar al statu quo.

4. La que insulta fomenta la grilla y la lambisconería. Sobre todo si es una líder poderosa. Terminará rodeada de ineptos o, peor aún, de “yes men”.

5. El que insulta fracasa frecuentemente. Tener dogmas inamovibles es una receta mortal en un mundo hiperdinámico.

6. La que insulta fomenta división y odio. Un ambiente agresivo siempre polariza.

7. El que insulta no acepta la realidad. El líder colérico crea sus propios datos. Pero al final, la realidad siempre se impone.

8. El insulto genera más insultos. El ejemplo de un líder permea a sus colaboradores y, en el caso de la política, a la población.

Me detengo en el último punto porque quizá sea el más tóxico, porque ese líder agresivo que etiqueta con agravios creativos al que piensa distinto genera un ambiente destructivo.

Tomemos el caso de la desaparición del Seguro Popular (SP) para crear la última ocurrencia de la 4T: el flamante Instituto de la Salud.

Primero, el SP es muy importante, pues atiende a 53 millones de mexicanos. Si hubo abusos o corrupción que se castiguen (pero ya, apúrenle por favor). Pero eso no impide escuchar a seis exsecretarios de Salud que advierten en un tono razonable: tengan cuidado.

Pero no. Claro que no. El secretario de Salud Jorge Alcocer sigue la pauta del poeta: “No necesitamos mercaderes del más allá, boroneros de la enfermedad, guardianes de padecimientos o codiciosos de la salud”.

¡Wow, de 100, Mr. Secretary!

Los que sí sufrirán serán los pacientes. Sí, esos pobres que tanto ama la 4T.

Trágico.
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