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Joel Almaguer
Joel Almaguer
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Inició sus estudios en la Universidad Autónoma de Coahuila, donde tuvo como maestros a Gerardo Monjarás y en sus últimos años al reconocido pianista regiomontano Gerardo González. Ha desarrollado su actividad musical como pianista en danza y como acompañante de cantantes principalmente. Ha participado en musicales como pianista. Imparte diplomados en historia de la música para la UAdeC. El año pasado vivió en Francia donde tuvo oportunidad de compartir su talento musical. Música Sobre Ruedas es un proyecto que ha desarrollado para compartir música en espacios públicos. Actualmente también es miembro de la Orquesta Filarmónica del Desierto donde participa activamente en el Coro Filarmónico. [email protected]

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28 Abril 2019 03:22:00
Escaparate Clásico
La música del siglo XX rompió de manera tajante con muchas herencias artísticas que el romanticismo musical llevaba consigo. Y no solamente la música negó el pasado, sino muchas otras corrientes artísticas: la pintura, en muchas corrientes, como ejemplo notable; a la poesía tenía un rato traspasando límites. La arquitectura y la Bauhaus, Le Corbusier después, propusieron formas de diseño totalmente fascinantes.

Sin embargo esta ruptura de las artes con respecto al pasado generó una orfandad de la que no muchas manifestaciones saldrían victoriosas en la realización del objeto artístico. Es discutible esta finalidad del arte en un objeto artístico, dado que la justificación filosófica de la obra muchas veces se antepone ante la obra misma. De esta manera el resultado material no importa tanto como su idea. Ahí tenemos el desarrollo de filosofías estéticas variadas y muy interesantes como el postmodernismo. ¿Pero qué hacer entonces con toda la evolución de las artes hasta antes de este siglo XX tan polifacético, ya no anarquista o democrático? Evidentemente la negación resulta casi imposible: El dadaísmo incluso en su rebeldía necesitaba de las obras de Da Vinci para ponerles bigotes.

En música las vanguardias se manifestaron en el dodecafonismo, el serialismo y la atonalidad, por citar tres ejemplos, todas estas desarrolladas en el siglo del que hablamos, aunque la atonalidad ya tenía su trayecto iniciado desde décadas atrás. Pues bien, en el siglo XX la música y sus compositores son tan variados que parece vertiginoso, y casi imposible observar una línea clara de evolución musical. Cada compositor y cada obra sus propias reglas, sus propios límites traspasados. Esto una y otra vez. ¿Dónde queda entonces un rasgo del pasado, del romanticismo ahora tan vituperado?

Existen algunos compositores que pudieron unir el siglo precedente con el XX. Uno de los más notables fue Einojuhani Rautavaara. Este compositor y su obra son un ejemplo de cómo las vanguardias más intrépidas pueden convivir con la herencia de los compositores del pasado y aún así ofrecer una música que sea capaz de disfrutar la mayoría de la gente. En Rautavaara podemos escuchar toda una síntesis y unión de multitud de formas con un resultado cautivante y de extremada belleza. Su Cantus Articus Op. 61 o su sinfonía número 7, Angel Of Light son de tal perfección y espiritualidad que son transformadoras.

La profundidad emocional que encontramos en su concierto para piano y orquesta no están en pugna con una elaborada concepción técnica ni con la complejidad que es evidente. Los clústers, es decir el conjunto de numerosas notas ejecutadas al mismo tiempo, lejos de escucharse cacofónicos nos transmiten una fuerza sonora pocas veces lograda en algunas obras de otros autores. Sin duda Einojuhani Rautavaara es uno de mis compositores predilectos. Que lo disfruten.

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