×
Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
ver +

" Comentar Imprimir
26 Febrero 2020 04:05:00
Escuchar sin orejeras
Escuchar Nota
Antes de desacreditar la iniciativa del Estado de La Laguna, es preciso conocer la historia de la comarca, dice el exdiputado Carlos Bracho, uno de los activos políticos a los que inexplicablemente el PAN tiene en la congeladora. A quienes califican el proyecto de capricho les aclara: “El asunto (…) tiene un origen y una razón ancestral, no es una ocurrencia de hace 10 ni 20 años”.

Los precursores del estado lagunero fueron Celso González, Manuel Pinto Ríos, ya fallecidos, Manuel Negrete y Edmundo Gallardo. Bracho se unió a ellos en 1990, pero el movimiento viene de tiempo. Porfirio Muñoz Ledo contó en una de sus charlas en la comarca, que a mediados de los 30 del siglo pasado, durante el reparto agrario, el presidente Lázaro Cárdenas se refería a La Laguna como si fuera un estado independiente.

Bracho pide entender cómo se origina esta idea, “pues hay quienes la consideran un capricho, de muchos o de pocos, y como algo cíclico. En mi caso, hasta que me interesé por leer sobre el origen de La Laguna entendí por qué es bueno convertirla en un estado. En la conquista, una avanzada de evangelizadores jesuitas obtuvo permiso real para iniciar la colonización. Entonces la delimitación regional incluía a Parras, como narra el historiador Sergio (Antonio) Corona Páez (+), autor del libro Constructo Cultural, Económico y Político de La Laguna, editado por la Ibero”.

El proyecto viene desde que se conforma la región con los españoles, a quienes se adjudicó el derecho de administrar, dice. Incluso “hubo un tiempo en el que se le denominaba ‘el país de La Laguna’. Los misioneros católicos obtuvieron –de parte del rey Felipe II, en 1594– permiso para evangelizar en el área que correspondía a la misma jurisdicción del alcalde mayor, máxima autoridad política local de la época.

“Pero ya en las cercanías de 1800, Carlos III divide a La Laguna, que entonces formaba parte del Reino de la Nueva Vizcaya. La Laguna era una región con identidad histórica, religiosa y cultural propias. Es importante mencionarlo para entender que esta región tiene una raíz común, lo mismo que otras. La división persistió y se acentuó conforme creció la acumulación de tierras y riqueza de quienes vendrían a ser los propietarios, como los Zuloaga, en cuyos terrenos, en un extremo, se inició un asentamiento de familias que a la larga darían forma al rancho del Torreón.

“Al final, aunque geográfica y culturalmente ya formaba una sola entidad, terminó separada por intereses políticos y económicos, con constituciones que nos dividen, de lo cual los actuales gobiernos no tienen culpa, pues se trata de algo heredado. Sin embargo, deben entender que administran partes de una misma región con necesidades particulares que no son atendidas desde ambas jurisdicciones con recursos y legislaciones confluyentes, sino divergentes. La situación se complica porque cada estado (Coahuila y Durango) se rige por una constitución que persigue y castiga los delitos, o provee la atención local requerida, pero de forma diferente, sin considerar la manera unificada en que se da el desarrollo regional. De ahí nace el interés de constituirnos en estado”, apunta Bracho.

Los laguneros no buscan confrontarse con las capitales, sino cumplir un sueño y ser escuchados sin orejeras.
Imprimir
COMENTARIOS