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Aracely Rodríguez Guardiola
Aracely Rodríguez Guardiola
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08 Noviembre 2020 10:23:00
Esos votos, ni Obama los tiene
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El pasado martes se llevaron a cabo las elecciones intermedias en Estados Unidos, como todos ustedes saben el Republicano Donald Trump buscaba reelegirse por un periodo más de cuatro años y su contrincante, el demócrata Joe Biden, buscaba evitar que eso sucediera.

Aun y cuando a la fecha en que esta servidora escribe las presentes palabras todavía no se puede declarar que hay un ganador oficial de la contienda, todo parece indicar que la era de Trump ha terminado, seguramente tendrá algunos argumentos legales para buscar pelear en los tribunales, pero los números indican que Biden será el nuevo Presidente de la nación más poderosa del mundo.

Pero ante este cerrado escenario en que buscamos entender la democracia de quienes se sustentan como los defensores de las democracias en el mundo, creo que vale la pena tener claras algunas cosas importantes de cómo se manejan por allá las cosas.

En primer lugar, a diferencia de la mayoría de los sistemas democráticos que conocemos, en nuestro vecino del norte no necesariamente gana aquel que más votos recibe de parte de los votantes, es más, ni siquiera se vota directamente por los candidatos, me explico:

En cada estado, al votar por el o la candidata en turno, en realidad se está votando por un grupo de funcionarios que los representarán y votarán en un “Colegio Electoral” para decidir quién será el o la Presidente/a y Vicepresidente/a en turno. El número de electores en cada estado se define principalmente por su población, por lo que estados como California, Texas y Florida son quienes tendrán mayor número de representantes, mientras que Dakota del Norte o Alaska serán los de menor representación.

Prácticamente en todos los estados, a excepción de dos, sin importar la diferencia en el número de votos directos que hayan recibido los candidatos, se asigna el 100% de los representantes electorales al ganador. Recordemos el famoso caso de Florida en el año 2000 en que Bush ganó por solo 537 votos en el estado de Florida y le son asignados los 25 votos electorales que en ese entonces representaba y que terminó dándole la presidencia a Bush a pesar de haber tenido, a nivel nacional, menos votos directos de los ciudadanos que su contrincante Al Gore. Solamente en Maine y Nebraska se divide el número de votos que representan, de manera proporcional de acuerdo al resultado que tuvieron.

En total se disputan 538 votos a nivel nacional, por lo que cada candidato busca obtener al menos 270 para poder tener la mayoría. Los electores representantes de cada estado no necesariamente tienen que votar por el candidato al que representan, pero rara vez lo hacen de manera contraria, ya que si lo hacen se les tilda de desleales y son marcados como traidores. Nunca un voto desleal ha marcado diferencia en una elección hasta este momento.

Y ustedes se preguntarán por qué se maneja este sistema que parece más bien complicado en una nación que se presenta como la campeona de la democracia, pues todo inició en 1787, cuando se redacta la Constitución Norteamericana y quienes lo hicieron deciden, ante la dificultad de aquellos años de comunicarse y de organizar una elección de esa magnitud, que ese sistema sería el más adecuado para poder elegir a su máximo representante. Los estados de menor población lo vieron con buenos ojos porque les daba mayor representatividad, así como los estados del sur, ya que en ese entonces, aun sin derecho a voto, los esclavos contaban en el censo para determinar el peso electoral, cada uno siendo considerado como tres quintas partes de una persona (si, leyó usted bien, como tres quintas partes de una persona) por lo que les daba a quienes sí tenían derecho al voto, mayor influencia en relación a los estados del norte.

¿Por qué se sigue utilizando un sistema que se pensó en una realidad de hace más de 230 años? Bueno, esa es una pregunta que yo también me sigo haciendo.

Pero además de las complicaciones del sistema de votación, también es importante saber que en cada estado tienen sus propias reglas para realizar, contar y dar a conocer los resultados. En la mayoría se puede realizar el llamado voto anticipado, que es en la mayor parte de los casos es mandado por correo a las autoridad electoral local. Pero los plazos, mecanismos y sistemas de conteo son muy distintos en cada localidad. De igual manera las votaciones del día de la jornada tienen diferencias importantes que hacen que los resultados se den a conocer en momentos muy diferentes dependiendo del estado y de sus reglamentos propios.

Hay que considerar también, que a partir del día de la elección, las leyes estadounidenses presentan una serie de procedimientos con plazos determinados, para así definir quién será el presidente por los próximos cuatro años.

El 8 de diciembre, fecha considerada como “puerto seguro” es un día importante en este proceso electoral, ya que para entonces, toda la información de los resultados debe haber sido entregada por las autoridades electorales de cada uno de los estados; y, en una situación normal, se podría esclarecer quién será el nuevo presidente.

Días después, el 14 de diciembre, una vez que todos los estados concluyen el conteo de sus votos, las autoridades de cada estado certifican a qué candidato apoyarán los delegados del Colegio Electoral, que efectivamente son quienes eligen al presidente.

Una vez que el Colegio Electoral se haya manifestado, el también recién elegido Congreso federal de Estados Unidos se reúne en Washington y el 6 de enero, certifica el resultado de la elección presidencial que haya manifestado el Colegio Electoral.

En el caso de un empate entre dos candidatos en los votos del Colegio Electoral, la Cámara de Representantes del Congreso Federal vota para decidir la elección, con un voto otorgado a la representación de cada uno de los 50 estados.

El proceso de sucesión presidencial debe concluir inevitablemente el 20 de enero al mediodía; ahí termina el actual periodo presidencial de Donald Trump y comienza uno nuevo, con el candidato que haya sido certificado el 6 de enero como ganador de las elecciones.

Es así como Biden, que logró tener más de 73 millones de votos, un número histórico que como dicen los clásicos, “ni Obama lo tiene”, que generó una de las campañas con mayor participación de la historia y que cuenta con la mayoría de los estados a su favor, todavía tendrá que esperar y dar pelea en los tribunales para poder tener al fin el triunfo tan deseado por él y sus millones de seguidores.
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