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Eduardo Castañeda Sarabia
Eduardo Castañeda Sarabia
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Eduardo Castañeda Sarabia es originario de la Ciudad de México(1976) Periodista, devenido maestro, columnista, arreglista y compositor, empresario restaurantero y crítico cinematográfico-musical. Mitad capitalino, mitad regiomontano, escribió seis años para el diario Reforma, ofreció cátedra durante un año, y llenó estómagos por el resto de sus días en El Hijo de la Tostada, el restorán de su propiedad".

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08 Octubre 2008 06:00:00
Espejito, espejito…
Lo he dicho antes: en Asia se hacen los mejores filmes de terror del mundo.
Lástima que al mundo occidental le llegan las sobras, o peor aún, los refritos.

Con una de las mejores premisas en la historia del cine de terror, "Espejos Siniestros" se queda a medias en llegar a ser una película memorable, de esas clásicas que nadie debe perderse, y nadie deja de hablar de ellas.

Con un inicio arrollador, una sobresaliente diseño de producción, efectos especiales de gran nivel, y actuaciones bastante convincentes, el filme arranca y se estabiliza de gran manera, pero se desliza hacia debajo de manera estrepitosa.

No contaré mucho: un hombre comienza a padecer por las imágenes que ve en los espejos. De ahí, toda la película deriva. “Veo cosas en los espejos del trabajo.
Cosas malas”, confiesa Kiefer Sutherland. ¿Le suena familiar, a la frase que catapultó a Haley Joel Osment a la fama mundial, e hizo de “Sexto Sentido” una joya?

Los personajes son sólidos, la línea del guión fuerte, el ritmo arrollador. ¿Qué falló? El guión. Habrá que buscar el original, "Into the Mirror", escrito por Sung-ho Kim, pero el desarrollado por Alexandre Aja y Grégory Levasseur, culmina en ridiculez.

La cinematografía de Maxime Alexandre es portentosa. Deja para la anécdota y la reflexión cómo filmó con tantos espejos de por medio, sin caer en los errores obvios. El filme representa un reto para cualquiera que sepa cómo funciona una cámara, sus encuadres y trucos de rodaje.

No es novedad que Kiefer Sutherland se muestre con entereza como protagonista, un policía en despojos que lentamente va rompiéndose en pedazos, cual espejo alicaído. Le aseguro que sus manos sudarán, su pareja gritará, y estará en vilo durante tres cuartas partes de la película. Las emociones fluyen, la adrenalina corre, y la tensión aumenta.

Pero así como en las grandes cenas, las relaciones amorosas, las lluvias vespertinas, hay que coronar con un buen postre, un casamiento y un arcoiris, respectivamente. El desenlace satisfactorio, y sobre todo, lógico e inteligente, es lo que demuestra un sólido trabajo. Pobre de Alexandre Aja. Muchos directores lo envidiarán, por no haber tenido la oportunidad de dirigir este que pudo haber sido un gran filme. Pero a la vez, muchos directores se congratularán de no haber sido ellos los que echaron por la borda lo que estuvo a punto de ser un gran guión. Y ojalá que no tenga siete años de mala
suerte.
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