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Fausto Fernández Ponte
Fausto Fernández Ponte
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Don fausto fernández ponte es poseedor de un impresionante y sólido currículum: 50 años de periodista profesional. Su opinión y columnas periodísticas son respetadas en ese ámbito, por el prestigio que a pulso se ha ganado, es considerado una autoridad en su campo. Además de corresponsal de guerra, ha entrevistado a jefes de estado y de gobierno de la talla de Lyndon B. Johnson, Richard M. Nixon, Indira Gandhi y William Clinton.

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30 Abril 2009 03:47:24
¿Está enfermo el Presidente?
Es deber ineludible del poder político de un Estado no actuar precipitadamente

I

Nadie dudaría la existencia y presencia atípica, no estacional, en México, del virus de la llamada influenza porcina o humana –identificado para mayor precisión por los científicos como A-H1N1–, pero lo que dudan e incluso cuestionan tirios y troyanos es su súbita aparición dicotómica epidémico-pandémica sin un proceso transicional de una condición a otra.

Y nadie dudaría que es deber ineludible del poder político de un Estado darse a la tarea de salirle al paso de inmediato a la aparición –por muy rara y atípica que fuere— de indicios de una plaga con el potencial de propagación contagiosa en la población. Salirle al paso, sí, pero con datos objetivamente discernidos y verificada con rigor metodológico. Sin pálpitos.

Pero no sólo eso: también es deber ineludible del poder político de un Estado no actuar precipitadamente, sin un diseño racional de una política orientada, primero, a confirmar con verismo exhaustivamente puntilloso la presencia y propagación de una plaga con potencial dañino y, luego, aprestarse estratégicamente a atender sus causas y efectos prospectivos. Ello, que antojaríase fácil y elemental, requiere madurez de los personeros del poder político de dicho Estado para cerciorarse de varios imperativos insoslayables: saber exactamente y comprobadamente con qué se cuenta –infraestructura, suministros, apoyos logísticos, etcétera— para librar la batalla en todos los frentes.

Toda doctrina defensiva, militar o civil, exige como condición indispensable y prioritaria, conocer al enemigo. Y resulta que los personeros panistas del poder político del Estado mexicano no saben, siquiera, cómo es ese enemigo, cuál su punto débil, sus vulnerabilidades y, notoriamente, si existe realmente o es lo que se supone qué es o si llanamente no existe.

Hacerlo con esa precipitación improvisada descorre suspicazmente los velos que ocultarían los motivos reales y suelta los corceles sin brida de las especulaciones, atiza las fogaratas de la desinformación y, lo más grave, aterroriza a la población. Un enemigo mal dimensionado es un enemigo creado por uno mismo, más poderoso e incluso imbatible. El síndrome de Moctezuma.

II

¿Qué nos indicarían éstas reflexiones de lógica aristotélica básical? Que los personeros panistas del poder político del Estado mexicano o son ineptos –sus móviles son aviesos por omisión— o son perversamente aptos para cosechar los ubérrimos campos del oportunismo político aterrorizando a la población y acrecer mediante la corrupción sus tesauros particulares.

Fueren cuales fueren los móviles reales y veros de la conducta precipitada, inmadura y reactiva del jefe de los personeros panistas del poder político del Estado mexicano, Felpe Calderón es célebre por su “mecha corta” y bipolaridad y dado a escapismos entre sus allegados y no pocos periodistas que lo han seguido ocupacionalmente. Suele reaccionar impensadamente.

Don Felipe no mide anticipadamente las consecuencias de sus reacciones –irritadas o exultantes— ni calcula prospectivamente el alcance y efecto de sus decisiones personales y las que ha tomado investido como legislador, presidente de su partido, como secretario de despacho, y las que toma hoy como Presidente.

La administración sanitaria propiamente de la crisis de salud y el inepto manejo político del fenómeno por los personeros panistas del poder político del Estado mexicano raya, dicho con franqueza, en grotesca inmadurez y, señalado sin tapujos, como corrupción. Ese es el material genético de las dudas y escepticismos de muchos mexicanos.

Para empezar, el señor Calderón actuó atropelladamente, con prisas al decretar una situación equivalente, en realidad, a un Estado de Excepción. Esa precipitación e imprudencia del Mandatario de facto muestra una capacidad de juicio muy cuestionable.

Y por si ello fuese poco, identifícaríanse otras manifestaciones adicionales tan graves como la inmadurez y aptitud de discernimiento objetivo y falta de lucidez del Jefe del Estado que, independientemente de su espuriedad, tiene el mando real del aparato administrativo-burocrático y coactivo/coercitivo, militar y policiaco, y el control de la violencia legal.

III

Esas otras manifestaciones son:

Una: la inexistencia de una red de seguridad social, ya que, según el INEGI, 27 millones y pico de personas de la Población Económicamente Activa y sus familiares inmediatos –unos 60 millones más— no tienen acceso a los servicios médicos ni medicinas en el marco legal de las instituciones de salud pública federales y muy limitadas en los 31 Estados Unidos Mexicanos.

Con esa infraestructura tan deficiente y de cobertura tan limitada, los personeros panistas del poder político del Estado lisa y llanamente no midieron el alcance de sus decisiones ni tomaron en cuenta la escasa disponibilidad de recursos médicos –instalaciones, personal, etcétera- y fármacos. Simplemente no estaban preparados para una decisión de tal magnitud.

Y otra: realizan una intensa campaña de difusión masiva, multimediática –el proverbial grito de “¡Ahí viene el lobo, escóndase todos!” que nunca apareció-, cuyo efecto ha sido haber aterrorizado a la población, de por sí crispada y víctima de psicosis aguda e histeria por las crisis ocurrentes en lo económico, lo político y lo social. La “epidemia”-pandémica es hoy precipuo.

Todo ello es preocupante, pues nos dice mucho acerca del estado de salud mental del Presidente, sometido a las enormes presiones propias de su investidura y magnificadas éstas por saberse espurio y repudiado y sin legitimidad ni representatividad y preocupado, amén, por los inminentes comicios; ésta, quiérase o no, es una presión principal y, por ende, mayor.

En esas elecciones, su partido marcha a la zaga y con pocas esperanzas de lograr mayoría en la Cámara de Diputados, lo cual sería esencial para consolidar el proyecto de nación bajo el modelo económico y político del neoliberalismo que abandera don Felipe, pero que fue instaurado hace 27 años y cuatro meses por mandatarios surgidos del Partido Revolucionario Institucional.

Al cúmulo de presiones –como las del estado de salud mental del Mandatario- agregaríase otra que, aclárese, no es ya la secuela sanitaria y política, sino moral de la crisis de salud: ¿fue la corrupción la que motivó también decretar una epidemia “pandémica” para justificar erogaciones billonarias en dólares en fármacos a favor de trasnacionales de Estados Unidos y Francia?

Tenemos un Presidente que, además de espurio, es inestable y bipolar y, temeríase, corrupto. Esos atributos mal distinguieron la idiosincrasia de sus predecesores Miguel de la Madrid, Carlos Salinas, Ernesto Zedillo y Vicente Fox como ineptos, vendepatrias, corruptos e inestables (bipolares). El señor Fox, declarado oficialmente demente por El Vaticano, es ejemplo típico.

De la suspicacia de una enfermedad mental del presidente desprenderíanse moralejas: que cada candidato a cualesquier puestos de elección (como ocurre con los designados a cargos burocráticos de bajo y mediano niveles) presente certificados de su estado de salud mental a la hora de registrar sus candidaturas. Para bien de la salud mental de los mexicanos.

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http://www.faustofernandezponte.com


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