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15 Septiembre 2019 04:00:00
Este 15 de septiembre
Por: Silvio Garza


Amigas y amigos, el día de hoy conmemoramos 209 años del inicio de la gesta heroica de la Independencia y como cada año, tenemos la oportunidad de hacer una pausa para revisar y actualizar lo que somos como país, no sólo por el enorme y tradicional significado de esta fecha, en la que nos celebramos como México.

Muy lejanos aquellos días del cura Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama, La Corregidora doña Josefa Ortiz de Domínguez, Mariano Abasolo, Hermenegildo Galeana, Ignacio López Rayón, Guadalupe Victoria, Francisco Javier Mina, Nicolás Bravo, Mariano Matamoros, José María Morelos, Leona Vicario, Vicente Guerrero, cuyos nombres están inscritos, por cierto, en letras de oro en el Muro de Honor de la Cámara de Diputados –hombres y mujeres– de la Patria que tuvieron como nunca la convicción de hacer una nación.

Transcurrieron 11 años de lucha armada y cuatro décadas más en lo que sabemos fue un país convulsionado antes de encontrar el inicio de la ruta a la estabilidad, que no fue menos difícil y dolorosa pasando por la Guerra de Reforma, las invasiones extranjeras, hasta los días de la Revolución.

Hoy, el festejo de nuestra Independencia es ocasión para reunirse en familia, con amigos, a la distancia, todos y cada uno de nosotros celebramos el inmenso orgullo de ser mexicanos, nuestra bandera nacional engalana las calles, autos, comercios, edificios gubernamentales, con detalles sencillos, que dibujan la esencia de lo que somos, hermanados, en una fiesta de color, verde, blanco y rojo, en vasijas de barro, sarapes de Saltillo, sombrero charro, al son de nuestros mariachis, hoy se entona el Son de la Negra y el Huapango de Moncayo.

Entre tanta historia, sin embargo, quiero destacar la participación de dos mujeres, de las que suele decirse “adelantadas a su época” por su valor y agudeza en su actuar: Josefa Ortiz de Domínguez y Leona Vicario.

De la Corregidora sabemos que nació en 1768, prócer de la gesta heroica, gracias a su valor, dio aviso a los conspiradores independentistas que habían sido descubiertos. Leona Vicario, nacida en 1789, se le atribuye haber financiado el movimiento, dos mujeres representando dos generaciones, en ese entonces.

Doña Josefa fue educada en el Colegio de San Ignacio de Loyola Vizcaínas, ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México, fundado en 1732 para acoger y proteger a la mujer novohispana (niñas, doncellas y damas viudas en necesidad); es una institución autónoma de beneficencia con más 285 años de historia.

En 2017, se festejaron 250 años del funcionamiento del Colegio de manera ininterrumpida, en un edificio del siglo 18, que cuenta con un museo que alberga obra pictórica virreinal y una joya incomparable en su Archivo José María Basagoiti Noriega, que cuenta con el registro en la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura” (Unesco) con la denominación Memoria del Mundo de México, en 2007; Memoria de América Latina, en 2010, y Memoria del Mundo Universal, en 2013, distinciones otorgadas a la Educación de la Mujer en la historia de México, por sus Fondos Colegiales, a la fecha es un colegio mixto y se siguen archivando las cédulas de todos y cada uno de sus alumnos, y entre ellas se encuentra la de Josefa Ortiz de Domínguez.

De Leona Vicario sabemos que provenía de familia acomodada, joven entusiasta que contrajo matrimonio con Andrés Quintana Roo, pluma inquieta, publicaba en el periódico El Federalista.

Lucas Alamán escribió de ella que su participación en la lucha armada de Independencia se había debido a su romance con Andrés Quintana Roo, generalizando la participación de las mujeres, que se había dado por seguir a sus hombres, a lo que ella respondió: “…no sólo el amor es el móvil de las acciones de las mujeres; que ellas son capaces de todos los entusiasmos y que los sentimientos de la gloria y la libertad no les son unos sentimientos extraños; antes bien vale obrar en ellos con más vigor, como que siempre los sacrificios de las mujeres, sea cual fuere el objeto o causa por quien las hacen, son desinteresados, y parece que no buscan más recompensa de ellos, que la de que sean aceptadas…”, recibió la declaratoria de Benemérita y Dulcísima Madre de la Patria.

Al tiempo, como decía entre tanta historia, justo es reconocer a estas dos mujeres, –que no sé si aceptar el calificativo de “adelantadas” porque su tesón, valor y entereza– no sólo siguen siendo vigentes; la valentía de la mujer mexicana siempre ha estado presente en todas y cada una de esas mujeres anónimas a lo largo de la historia de nuestro país.

Han pasado 209 años para que hoy podamos tener la Legislatura de la Paridad de Género y tres mujeres en posiciones estratégicas en los destinos de la Patria, tenemos una secretaria de Gobernación y dos mujeres más presidiendo la Cámara de Senadores como la Cámara de Diputados, y todavía tenemos que seguir escuchando voces misóginas que gustan de acomodar calificativos fuera de lugar.

Pero no por ello deja de ser un orgullo –ser mexicanas y mexicanos–, y que este 15 de septiembre es y será siempre no sólo la ocasión de festejar el México que somos, sino el que no debemos olvidar y el que debemos seguir construyendo, por el bien común, a la luz de los valores del respeto a la dignidad y la libertad de las personas, así como de la democracia.

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