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Guillermo Herrera Márquez
Guillermo Herrera Márquez
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28 Septiembre 2013 04:00:15
Estrés laboral,  esclavitud disfrazada
Sin darnos cuenta somos victimas del estrés laboral, ya sea como empleados o como jefes y no sabemos la magnitud de los niveles de preocupación que manejamos cada día, circunstancialmente hemos debido aprender a vivir preocupados.

Pasé seis años de mi vida en primaria, tres en secundaria, dos en bachillerato, así como cuatro y medio en universidad además de tres en posgrado y sin embargo jamás en esos 18 años y medio dentro de las aulas se me enseñó cómo superar las preocupaciones y presiones laborales, hemos debido aprender de manera autodidacta.

En México con suma precisión nos enseñan fechas históricas como la Revolución Mexicana, la Independencia, el Día de la Raza y hasta la Batalla de Puebla, además de tablas de multiplicar, coordenadas, diagramas, cálculo, álgebra y hasta fórmulas de compuestos químicos sin embargo no nos enseñan como firmar un contrato de trabajo, como solicitar empleo, mucho menos a lidiar con jefes o subordinados complicados para tomar mejores decisiones y tener calidad de vida profesional.

Mucho se responsabiliza a las redes sociales como Facebook o Twitter de que provocan infinidad de divorcios sin embargo habría que analizar otra hipótesis como ver cuántas de esas separaciones se debieron al poco tiempo que pasaban como pareja los conyugues, quienes deben pasar gran parte del día en la oficina, negocio o industria lejos de la esposa o esposo.

Para ver la magnitud de este problema según el INEGI en 2009 se registraron un total de 84 mil 302 divorcios, cifra que apenas un par de años después en 2011 se registraron 91 mil 285, muestra del creciente índice de desintegraciones familiares.

Risible resulta escuchar y pensar que en este país las jornadas laborales son de ocho horas, que se viven otras ocho para comer, convivir con la familia, distraerse y las ocho restantes para dormir, los índices no son tan maravillosos como se manejaron en el siglo pasado, cuando bien le va a un empleado actual pasa 9 ó 10 en su trabajo, si es que no se lleva tarea a la casa o es interrumpido con cuestiones laborales en su hogar con una llamada al teléfono celular.

Es muy complicado, por no decir imposible que un trabajador mantenga equilibrio cuando no tiene tiempo para convivir con su familia, socializar, caminar tranquilamente por un parque o bien leer; debe pasar y desquitar todos sus minutos pensando en cómo hace la transición del dueño de su empresa de millonario a multimillonario.

Sin duda estos niveles de trabajo y estrés laboral afectan físicamente y psicológicamente al trabajador, las permanentes campañas de estrés por parte de la alta administración tarde o temprano le cobran factura no sólo a la salud de su planta laboral, sino a la productividad.

Muchos recursos y tiempo pasan los grandes gurúes de la administración pensando y analizando cómo se debe aplicar la capacitación, como mejorar los canales de comunicación dentro de la empresa y como ser más productivos para mejorar la rentabilidad del negocio, sin embargo nada es tan efectivo y certero, aun sin sistema, como la permeabilidad que se da cuando existe estrés, sigue una línea vertical muy clara y llega a todos y cada uno de los empleados de la empresa.

En el mundo actual se ha convertido en una prioridad vivir en una casa propia, si es privada mejor, tener un automóvil de modelo reciente, incluso ocupar un puesto que huela a gerencia, todo ello nos da estatus, sin embargo debemos pagar un costo muy alto en materia de salud física, mental y hasta espiritual.

En un mundo tan competitivo de la misma forma que en el reino animal sólo los más fuertes e inteligentes sobreviven y aprenden a vivir con estrés, a manejarlo de tal forma que no afecte su mente y cuerpo.

Esclavismo es una palabra muy fuerte, sin embargo en este país donde los ricos hacen e interpretan las leyes a su conveniencia seguimos viviendo un estrés interminable en materia laboral, aunque en el fondo es lo primero mencionado en este párrafo como en siglos anteriores, sólo que ahora se maneja con términos más románticos.
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