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JC Mena Suárez
JC Mena Suárez
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28 Marzo 2019 03:39:00
Etiquetado
Uno de los grandes errores de etiquetar a las personas -y no hablo de Facebook, sino de nosotros como individuos cuando juzgamos solo por la apariencia-, es que solemos equivocarnos.

Uno de los casos más relevantes en la historia del etiquetado se tuvo con Thomas Alva Edison, sí, el inventor estadunidense a quien regresaron de la escuela con una carta para su madre.

En el mensaje, la escuela a la que acudía le pedía a su mamá que no lo enviara más porque era un niño difícil, pero su mamá no le dijo el contenido de la epístola a su hijo, sino que expuso a la escuela que ya no podía enseñarle más por ser un estudiante muy listo y en ese momento su madre se convirtió en la maestra de Thomas Alva Edison, el inventor más importante en la historia de Estados Unidos. Su éxito se puede medir por los niveles de ingresos que tuvo después a lo largo de su vida, pero así como hubo un triunfo también hay derrotas que se desprenden de una mala apreciación.

Dejarse llevar por los arquetipos, estigmatizar a las personas, sumarse a los estereotipos representa un error y un factor que le restaría posibilidad de éxito a un negocio. En una bodega que abrió en Saltillo, el gerente cometió el error el día de la inauguración de decir que esperaban a las señoras con su canasta para que surtieran su despensa. Una cliente comentó: “Nosotros no estamos en el rancho”.

Entonces, decenas de personas se sintieron y dejaron de acudir a comprar a esa tienda. El negocio sigue abierto, pero sin los niveles de venta esperados. Todo por estereotipar.

Otro ejemplo lo dio una tienda que vendía artículos estadunidenses, la cual fracasó porque el gerente dijo que era un establecimiento para personas pudientes, es decir, de clase alta. Cómo se sentiría una persona de clase media o de bajos recursos que tenía el dinero para comprar solo un poco. El resultado de estigmatizar a las personas fue la quiebra del negocio.

Un médico ortodoncista envía a un paciente con un colega suyo y antes de atender a la persona, este último doctor le dijo: “Primero vamos a ver cuánto le voy a cobrar porque no quiero andar de pleitos después”.

El médico ese no sabía que la persona era de clase alta y si el doctor lo había mandado con él era porque tenía los recursos para pagar o tal vez el médico estaba de malas y etiquetó mal. Su reputación se perdió.

En una tienda llega una señora a comprar un chal y recorre el lugar, pero uno de los propietarios le comenta: “Ese chal es muy caro”. Entonces la señora dice: “Aquí traigo suficiente para comprar el chal y muchas cosas más”, y pregunta después: “¿Por qué me etiqueta de que no puedo comprarlo?”. El propietario se adelantó al juzgar.

Me parece que muchas personas etiquetan a otras por cómo las ven vestidas o porque les ven cara de pobres o que no tienen recursos suficientes, pero la mayoría se equivoca en sus apreciaciones.

En Parras de la Fuente, un amigo que tenía camiones llegó a una agencia de tractocamiones para comprar unos tráileres y le pregunta al gerente: “¿Cuánto cuesta ese animalito?”.

Así hablaba él, y el gerente le dice: “Ni para qué le diga, si usted no alcanzaría a comprarlo”. Mi amigo, entonces, sacó un rollo de dinero y preguntó una vez más cuánto costaba.

Así, la forma en que se etiqueta a las personas repercute en el buen o mal funcionamiento de un negocio. La grandeza de un ser humano es ver más allá de las etiquetas.
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