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Jaime Martínez Veloz
Jaime Martínez Veloz
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Nació el 9 de Abril de 1954 en la Ciudad de Torreón Coahuila. Arquitecto de profesión. Personajes con los que se identifica: Benito Juárez, Francisco Villa, Salvador Allende, Lázaro Cárdenas, Cesar Chávez y Heberto Castillo Escritores favoritos: Mario Benedetti, Carl Sagan, Ernest Hemingwey, Carlos Monsivais, Carlos Montemayor, Paco Ignacio Taibo. Actividad Universitaria * Presidente de la Sociedad de Alumnos de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Coahuila (UAC) (1974-75) * Investigador y Profesor Universitario de las materias: Dibujo, Diseño Arquitectónico, Urbanismo, Teoría del Conocimiento, Taller Integral y Metodología de la Investigación (1978-1987) * Secretario Académico de la Facultad de Arquitectura de la UAC (1978-1979) * Director de la Facultad de Arquitectura de la UAC (1981-1984) * Candidato a Rector de la UAC (1984-1985) * Secretario de la Universidad Autónoma de Coahuila (1985) * Director del Departamento de Investigaciones Arquitectónicas de la UAC (DIAUAC) (1986-1987) Actividad Profesional * Ha coordinado la elaboración de proyectos sociales y técnicos de cientos de obras que han permitido mejorar las condiciones de vida de muchas familias en Colonias y Fraccionamientos de Aguascalientes, Baja California, Coahuila, Chiapas, Guerrero, Jalisco y Tlaxcala * En su estado natal trabajo en proyectos para los mineros de Barroteran, los colonos de Saltillo y estableció el Centro de Estudios Urbanos (CEU) que participó en diversos proyectos estratégicos entre los que destaca la construcción de la planta de Cementos Apasco en Ramos Arizpe Coahuila y el Plan Estatal de Desarrollo Urbano (1984-1991) * Participó en el desarrollo y construcción de viviendas en las colonias populares Francisco Villa, Pueblo Insurgente, Universidad-Pueblo, Chamizal, Patria Libre y Cinco de Mayo. (1979-1991) * Elaboró y coordinó el Programa “Vivamos Mejor” en el Gobierno del Estado, que permitió mejorar más de 50 mil viviendas en Coahuila. (1989-1991) * Elaboró el Programa “Vivienda Digna”, para el Programa Nacional de Solidaridad * Ante el embate de los desastres naturales ha estado presente en la reconstrucción de Ciudad Guzmán Jalisco después del terremoto de 1985, en Saltillo en 1988 ante el Huracán Gilberto, en Tijuana durante las lluvias de 1993, en Tuxtla Gutiérrez en 2003 ante el Huracán Larry y en Tapachula en 2005 durante el azote del Huracán Stan * Fue Subdelegado de la SEDESOL en la Zona Costa de Baja California, lo que le permitió integrarse con las preocupaciones ciudadanas de Tijuana, Tecate, Rosarito y Ensenada, realizando una labor de trabajo comunitario y vinculación social con las comunidades urbanas, rurales e indígenas del Estado, apoyando proyectos de organizaciones no gubernamentales, colegios de profesionistas y comités vecinales (1991-1994) * En las comunidades indígenas de Chiapas, realizó un Programa de Coordinación interinstitucional, para atender niños con desnutrición, madres embarazadas y lactantes, tareas de alfabetización, mejoramiento de vivienda, huertos familiares y proyectos de agua limpia en mil 200 comunidades indígenas. (2003-2006)

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26 Septiembre 2008 03:24:02
EZLN: 24 años después
La crisis nacional se profundiza y no se vislumbran en el horizonte opciones ni alternativas para enfrentarla. La parte alícuota de corresponsabilidad que tienen políticos, empresarios, partidos e instituciones se niega a ser reconocida. La autocrítica es impensable.

Para cada sector, los culpables de la crisis son aquellos que son ajenos a su forma de pensar o que pertenecen a organizaciones diferentes a las que cada quien dice representar. No hay posibilidad alguna de construir el menor acuerdo posible, de ningún tipo, en ninguna circunstancia. Quien lo intente deberá prepararse para el linchamiento en la plaza pública o en los medios electrónicos. La cerrazón y la descalificación son la expresión de una enfermedad social llamada cortoplacismo. “Todos contra todos” es el titulo de la horrible película que sufre la sociedad mexicana.

Mientras esto pasa, el EZLN, sin aspavientos ni alharaca mediática, consolida su estrategia organizativa y continúa sus esfuerzos de más 24 años construyendo con sus propios medios una circunstancia nueva: de búsqueda, de lucha, de aprendizaje, de rebeldía, de esfuerzo cotidiano. Toda una generación nueva alimentada por la anterior y alimentando la que hoy crece. Es la otra cara de un mismo México. Muchos de los nuevos mandos zapatistas eran niños, e incluso algunos de ellos ni siquiera habían nacido en las primeras etapas del zapatismo en Chiapas.

Mientras en la clase política existe una descarnada disputa por ver quién es más incompetente, hoy el rostro de los pueblos zapatistas es otro; rostro de dignidad y protagonismo de frente a los problemas que, por supuesto, continúan marcando las difíciles condiciones de vida de las comunidades indígenas. Pero a diferencia de hace casi un cuarto de siglo, los pueblos zapatistas hoy asumen y buscan soluciones a problemáticas diversas: sea en el terreno de la participación y toma de decisiones; sea en la búsqueda de alternativas de producción, educación, salud, justicia y gobierno. No esperan, construyen; no se desesperan, se consolidan y reafirman sus convicciones.

Nada es igual. Hace más de un cuarto de siglo cualquier proyecto ideológico, partidista, clientelar o divisionista podía acomodarse en el seno de cualquier comunidad indígena y dar como resultado las divisiones internas de orden organizacional o religioso; el voto seguro, el éxito de financiamientos intermediarios.

Hoy en los territorios zapatistas nada de ello es posible: el ejercicio cotidiano de participación y toma de decisiones lo impide; la estructura y mecanismos de las autonomías filtra. Los objetivos son claros y provienen de abajo y de dentro de los mismos pueblos. Organismos, iglesias, partidos se topan hoy con mujeres y hombres protagonistas, con un proyecto propio; los zapatistas demuestran a diario su capacidad para analizar y decidir lo que quieren y no quieren. Tal es una de las difíciles construcciones que encierra el devenir de ese “mandar obedeciendo” que a diario se construye en asambleas, comités, consejos autónomos, juntas de buen gobierno. La discusión y la reflexión interna permiten procesar diferencias, construir acuerdos y perfilar alternativas.

Hace más de un cuarto de siglo eran posibles, por ejemplo, las campañas de esterilización forzada por parte de los gobiernos. Hoy, el Sistema de Salud Autónoma no sólo cuenta con promotores y técnicos capaces de enfrentar situaciones delicadas de salud, sino con toda una estructura –aunque modesta– de clínicas, campañas, laboratorios y, en especial, todo un rescate y revalorización de formas ancestrales y eficaces de medicina. Las limitaciones económicas se superan con organización, capacidad profesional, dedicación y esfuerzo colectivo.

Las cooperativas, germen de resistencia y organización en la mayoría de los pueblos, han avanzado a experiencias satisfactorias de comercialización y abasto regional que permiten, con mucho esfuerzo, alimentar la capacidad de resistencia zapatista. No piden ni aceptan canonjías; exigen lo que brindan: respeto. La actividad productiva no es la excepción y consolidan sus estructuras económicas.

La educación, otro pilar fundamental de las autonomías, se hace realidad a través de cientos de escuelas autónomas de nivel básico y secundario, ofreciendo a los niños y jóvenes contenidos educativos y de formación con una perspectiva liberadora que rescata la historia, la lengua, la cultura. Jóvenes zapatistas formados en la lucha y la educación libertaria conforman la estructura educativa zapatista enarbolando el pensamiento de José Martí, cuando planteaba: “El remedio está en cambiar radicalmente la instrucción primaria de verbales experimental, de retórica científica, de enseñar al niño, a la vez el abecedario de las palabras y el abecedario de la naturaleza”. Los zapatistas han hecho suya la consigna martiana de que “un pueblo culto es un pueblo libre” y actúan y trabajan en consecuencia.

La práctica de la colectividad no sólo en las tierras recuperadas en 1994, sino en el sinfín de parcelas comunitarias, resisten la embestida privatizadora y ahondan la conciencia de responsabilidad social con los que nada tienen y que no sea su propia capacidad organizativa.

Valorar, contribuir y aprender de las construcciones autónomas zapatistas es quizá una forma más de crear horizontes distintos en el terrible horizonte mexicano.
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