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Dalia Reyes
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14 Marzo 2019 04:00:00
Fácil pérdida
Perderse una mujer en cada esquina es la cosa más sencilla que alguien, del sexo femenino, puede realizar al menos una vez durante su vida. Hay quienes lo hacen a cada rato y muchas otras de vez en cuando; la historia y la sociedad se han encargado de recordárnoslo.

Mi primera clase de orientación vocacional la tuve a los 14 años. Fue una tarde, cuando una mujer, familiar cercano, estaba sentada junto a mí en sendas sillas sobre la banqueta, como era costumbre en el pasado.

Más que mirar a los transeúntes, yo tenía fija la mirada en la pintura desconchada de mi casa, la puerta con óxido viejo y la banqueta de muy mal ver. Tuve la ocurrencia de preguntar por qué mi papá no arreglaba todos esos desperfectos, a lo que obtuve por respuesta “si esta casa no te gusta, busca quién te ponga una a tu gusto”.

Ahora sé que cometí pecado de ambición a externar mi aspiración por habitar en un lugar que delataba ser atendido, y eso no era propio de una mujer recatada. Antes, a mis ocho años, con la misma persona experimenté mi primera bofetada al preguntar la razón por la cual cierta monja tenía los ojos bizqueados; ahí supe que la curiosidad no tiene cabida en las cosas de Dios.

Hay un montón de cosas que llevan a una mujer por el camino de la perdición, como andar sola por la noche, caminar por lugares poco transitados, usar ropa ajustada, contestar a las agresiones con determinación y solvencia, ser madre soltera, destacar en el ámbito laboral. No tengo espacio para enlistar la gran cantidad de circunstancias que llevan fácilmente a una mujer a la perdición porque son tantas las ocasiones en las cuales se supone, entre formaciones imaginarias, que una mujer no debería actuar, estar, vestir, decir, hablar, defenderse, gritar a fuerza de ser considerada perdida o fácil.

La humanidad ha perdido a muchas mujeres en los últimos años. Mujeres que decidieron ir más allá del prejuicio y la suposición continuando sus vidas con airosa determinación; yo estoy por renovar mi credencial como parte de ese club al cual todavía nos da miedo darle un nombre.

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