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Macario Schettino
Macario Schettino
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Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Es profesor en la división de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey. Ha publicado 15 libros, el más reciente: "Cien años de Confusión. México en el siglo XX", con Taurus. Su columna consiste en análisis sencillos de fenómenos económicos y financieros.

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04 Febrero 2010 04:51:48
Gasolina
Como usted posiblemente recuerda, en esta columna tenemos una preocupación muy seria con respecto al comportamiento de la cuenta corriente de nuestro país

La cuenta corriente mide todas las transacciones de bienes y servicios que tiene un país con el resto del mundo, y en nuestro caso ha sido el origen (o el síntoma) de las grandes crisis que hemos vivido desde mediados de los años 70.

En 1976, luego en 1982 y finalmente en 1994, el déficit en cuenta corriente de México superó 5% del PIB, y el resto del mundo dejó de prestarnos dinero. Este nivel de 5% parece ser el punto en el que los demás empiezan a dudar de que podamos pagar y nos dejan de prestar, provocando que no tengamos otro remedio que corregir el déficit reduciendo nuestra demanda de importaciones, que sólo puede lograrse con una corrección muy fuerte en el tipo de cambio y una contracción del ingreso de los mexicanos. Con una crisis, pues, como las de esos años.

Por esa razón, durante ya varios años hemos seguido con detalle el comportamiento del petróleo y los combustibles, debido a que ha sido el petróleo el que ha permitido que podamos importar mucho más de lo que exportamos sin que caigamos en un déficit muy grande. Ocasionalmente, ni siquiera el petróleo nos ha salvado de ajustes, como ocurrió en 1982 y 1994, pero desde entonces hemos podido tener un déficit en el resto del comercio de hasta 28 mil millones de dólares sin ningún problema, porque el petróleo lo ha financiado.

Esto, sin embargo, es lo que se está acabando con gran rapidez. Por un lado, la producción de petróleo ha caído seriamente en los últimos años, lo que ha implicado una reducción muy importante en las exportaciones, y obviamente en los ingresos. Por otro, nuestras importaciones de gasolina han crecido a gran velocidad. Según las cuentas de esta columna, en este año se cierra la pinza, y las exportaciones de crudo no alcanzarán a pagar las importaciones de gasolina. En ese momento, todo el déficit del resto del comercio se convertirá en déficit en cuenta corriente, y estaremos al borde de un ajuste como los comentados previamente.

El origen de esto es una cosa que se ha dado en llamar “enfermedad holandesa”, porque la primera vez que se describió fue con el gas natural en Holanda. Cuando un país tiene un recurso que puede exportar en gran cantidad, y que le genera un fuerte ingreso de dólares, esto provoca que el resto de la economía se haga menos competitivo, porque sobran dólares para poder importar, y esto hace que la moneda nacional se “sobrevalúe”. En español, gracias a las grandes exportaciones de petróleo el peso está en 13 por dólar, y no en 20. Por eso, podemos comprar muchas cosas que con un tipo de cambio a 20 pesos por dólar no compraríamos. Pero eso ha hecho, en 30 años de excesos petroleros, que ya no haya mucha industria nacional, de forma que no será nada fácil sustituir esas importaciones, en caso de no tener los dólares para pagarlas.

Por eso es tan importante seguir con detalle no sólo lo que pasa con el petróleo, cuya producción parece que ha dejado de caer, al menos a la velocidad a la que lo hacía, sino también la gasolina, cuya demanda sigue creciendo muy aceleradamente, y que se refleja de inmediato en importaciones, porque ya hace rato que saturamos nuestra capacidad de producción.

Algo extraño ocurrió a partir de 2001, que la demanda de gasolina empezó a crecer más rápido que la economía. Para que se dé una idea, entre 1994 y 2000 la gasolina crecía dos o tres puntos menos que la economía en su conjunto, mientras que a partir de 2001 hemos tenido un comportamiento inverso, la demanda de gasolina crece un par de puntos por encima de la economía en su conjunto. A veces mucho más, como en 2009, cuando la economía se contrajo en 7% mientras que la demanda de gasolina se quedó estática. Eso hace una diferencia precisamente de siete puntos entre las dos.

Este crecimiento de la demanda ha hecho que pasemos de 500 mil barriles diarios de gasolina que consumíamos entre 1993 y 1997 a prácticamente 800 mil en los dos años pasados. Si este 2010 la demanda crece un par de puntos más que la economía, como lo ha hecho en los últimos 10 años, sería cosa de esperar que nos acerquemos mucho a los 850 mil barriles diarios. En México producimos 450 mil, de forma que lo demás hay que importarlo.

De acuerdo con estadísticas de Naciones Unidas, esto significa que en el consumo de gasolina para transporte, México es el tercer país del mundo, sólo por debajo de Estados Unidos y Japón. De 2000 para acá, rebasamos a Rusia, Alemania y Canadá, y somos el país de más rápido crecimiento entre los grandes, sólo debajo de China. Este país ha tenido un incremento en el consumo de gasolina para transporte de 65% de 2000 a 2007, mientras que México ha crecido en 41%. Más todavía, mientras que en 2000 México consumía la mitad de la gasolina que consumía Japón, en 2007 ya alcanzábamos tres cuartas partes.

Este crecimiento acelerado de la demanda de gasolina es de la mayor importancia, decíamos, porque la estamos pagando con dólares que nos da el petróleo y que en otras épocas sirvieron para pagar otras importaciones, que tenemos muchas. Para fines de este año, importando 400 o 450 mil barriles diarios, nada más para pagarlos necesitaremos 600 mil barriles de petróleo. Y si consideramos las otras importaciones de combustibles, incluyendo aceites, gasoil y gas, natural y LP, ya no nos alcanzan los 900 mil barriles de crudo que estaremos exportando a fines de año. Eso dicen los datos.

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