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Marcelo Torres Cofiño
Marcelo Torres Cofiño
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Marcelo Torres Cofiño es miembro del Partido Acción Nacional desde 2006, fue Diputado Federal del Estado de Coahuila en la LXII Legislatura. Fue Presidente del Partido Acción Nacional y actualmente es Diputado Local, coordinador del grupo parlamentario del PAN y Presidente de la Junta de Gobierno en la LXI Legislatura del Congreso del Estado de Coahuila.

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01 Marzo 2020 04:05:00
Gerenciar el futuro
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Peter Drucker, el gran ideólogo de la gerencia señala para esa función de las organizaciones, tres grandes responsabilidades estrechamente vinculadas entre sí: generar riqueza, incrementar la productividad del trabaj, y cumplir con la responsabilidad social. Los negocios se crean para tener utilidades económicas que eleven la capacidad de adquisitiva de sus dueños. Pero, ese dinero no surge de la nada, sino del trabajo que todos en las organizaciones hacen en la fabricación de bienes o la entrega de servicios que, al ser reconocido su valor por la sociedad, redunda en condiciones más prósperas para los trabajadores.

La responsabilidad social inicia con la capacidad de quienes dirigen las empresas, para generar, sostener e incrementar fuentes de empleo bien remuneradas, que sean origen de bienestar y satisfacción para quienes las ocupan.. Pero, no termina allí, sino que se extiende hacia su comunidad, en el afán auténtico por reducir los posibles impactos negativos que toda actividad humana puede ocasionar. También se trata de potenciar y compartir los beneficios con el vecindario para ganar prestigio y licencia social.

Para cumplir de manera exitosa con sus responsabilidades, quienes dirigen organizaciones humanas necesitan cultivar en sí grandes capacidades estratégicas, para visualizar las acciones de mayor impacto positivo que tengan el menor costo. Pero, también deben tener la capacidad para concretar su visión en acciones cotidianas efectivas, operadas por sus colaboradores, en el entendido que habrá tropiezos que no son más que un aliciente para cada día ser mejores como empresa.

La gestión pública no está demasiado alejada de esa realidad descrita para el sector privado. La diferencia más importante radica en que la utilidad que se persigue no debe ser económica sino de bienestar. Los recursos del erario no están allí para “ahorrarse”, sino para ser invertidos con inteligencia en acciones, obras y programas que generen el mayor de los beneficios a una comunidad, un estado o el país en su conjunto. El dinero público no está, tampoco, para procurar la mejor de las imágenes del funcionario en turno. La que debe lucir radiante con la Administración pública es la ciudad, el estado o la nación.

Pero salvada esa diferencia el resto de la actividad gubernamental coincide, en términos de responsabilidades, con lo planteado por Drucker para el caso de las empresas. Y es que el desafío de gobernar jamás podrá lograrse con éxito si se piensa como la tarea de un único individuo. Todo lo contrario, exige de la participación de muchos, comenzando por el equipo de servidores públicos de todos los niveles quienes deben ejecutar con precisión sus tareas para que el beneficio social que generan sea efectivo. Los empleados en oficinas y dependencias de gobiernos también deben ser productivos y, al serlo, deben encontrar los satisfactores y las recompensas que son necesarias para una vida próspera.

El cumplimiento de la responsabilidad social debe ser el eje central de la gestión pública, no solo en su actuar. Los gobiernos necesitan ser los principales promotores de que las empresas cumplan con esa tarea. Así, se gerencia un futuro próspero para todos.
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