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Salvador García Soto
Salvador García Soto
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Salvador García Soto es periodista. Nació en Guadalajara Jalisco, donde cursó la licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad del Valle de Atemajac. En Guadalajara colaboró en varios medios locales y en oficinas de los gobiernos estatal y federal. Fue reportero de la fuente política en El Heraldo de México y en el diario La Crónica de Hoy. Desde 1998 escribe la columna política Serpientes y Escaleras que se ha publicado en los periódicos La Crónica, El Independiente y actualmente en el Universal Gráfico. Fue director general de Crónica y ha colaborado en revistas como Vértigo y Cambio. Durante dos años fue conductor del programa Cambio y Poder que se transmite por Cadena Raza y desde noviembre 2003 colabora en W Radio como comentarista del noticiario Hoy por Hoy tercera emisión y en el programa El Weso.

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09 Abril 2020 04:07:00
Gobernadores también se rebelan
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La crisis del coronavirus no solo ha desgastado la imagen del presidente López Obrador y su complicada relación con los empresarios. Entre los gobernadores de la República, con quienes no ha querido reunirse en toda esta emergencia sanitaria y solo los ha mandado a hablar virtualmente con los miembros de su gabinete, hay varios estados que no solo cuestionan abiertamente la estrategia y la lentitud del Gobierno federal para tomar decisiones, sino que han optado de plano por implementar sus propios modelos locales de contención y atención de la pandemia del Covid-19.

Los casos más visibles en este rebasamiento a la Federación son los de Jalisco, Nuevo León, Coahuila, Tamaulipas, Guanajuato y Chihuahua, todos ellos encabezados por gobernadores de oposición y en donde mandatarios como el emecista Enrique Alfaro, el independiente Jaime Rodríguez “El Bronco”, el priista Miguel Riquelme y los panistas Francisco García Cabeza de Vaca, Diego Sinhué y Javier Corral, han tomado una actitud proactiva y protagónica en el tema de la pandemia en sus estados, con la que acusan falta de respuestas y apoyos rápidos del Gobierno central a las necesidades de sus entidades y, a quererlo o no, desafían el liderazgo y la facultad federal para dictar las medidas sanitarias, sociales y económicas.

En algunos de esos estados, ubicados en regiones altamente productivas e industrializadas del país, como el corredor de Jalisco y El Bajío de Guanajuato, o el norte del país, con Nuevo León a la cabeza y con la Alianza del Noreste con Coahuila y Tamaulipas, mientras Chihuahua se mueve por su cuenta, también coincide que los empresarios de esas entidades han encabezado movimientos de rebelión y desconocimiento a sus líderes de las cúpulas empresariales, además de cuestionar duramente la falta de apoyos fiscales del Gobierno federal.

Es el caso de Jalisco, donde primero Alfaro anunció que los empresarios jaliscienses estaban muy molestos con el presidente López Obrador y con la actitud de sus dirigentes cupulares, y horas más tarde los integrantes del Consejo Coordinador Empresarial, desconocieron a su dirigente Carlos Salazar, por no hacer que se atiendan sus demandas en Palacio Nacional e iniciaron con el hashtag #AJaliscoSeLeEscucha.

La rebeldía de esos estados tiene al menos tres componentes: el primero, la parte política y electoral, en la que algunos gobernadores, sobre todo los que tienen aspiraciones futuras, saben que la crisis sanitaria y económica por el coronavirus es también oportunidad para posicionarse mejor ante sus gobernados y para ganarle terreno político, ellos y sus partidos, al presidente López Obrador que difícilmente saldrá bien librado de la pandemia; segundo, la parte económica en la que hay un reclamo legítimo de que la Federación no concentre todos los recursos públicos, normales y extraordinarios, para atender la emergencia sanitaria y sus efectos económicos, y que apoye con parte de esos recursos a las entidades federativas para atender los daños que sufrirán sus estados en la parte médica y en su economía y empleo; y el tercer componente, que es el más peligroso, la histórica lucha contra el centralismo y la acumulación de poder y facultades presupuestales y hacendarias desde el centro, que se ha acrecentado con el Gobierno lopezobradorista y su presidencialismo vertical, y que puede alimentar proyectos cesesionistas y separatistas que siempre han estado latentes en la República mexicana.

Hasta ahora el presidente López Obrador se ha negado a tener una reunión, ya sea virtual o presencial, con todos los gobernadores, ante la negativa a aceptar que le pidan más recursos para atender la pandemia en sus estados. Ha sido de manera virtual que Olga Sánchez Cordero, la titular de Gobernación se ha estado reuniendo con ellos, junto con el canciller Marcelo Ebrard, el subsecretario Hugo López-Gatell y el coordinador Nacional de Protección Civil, David León, para explicarles las directrices federales de la emergencia sanitaria y escuchar sus dudas, peticiones y reclamos.

Y casi todos los gobernadores, incluidos los que asumen una actitud más crítica y desafiante en esta coyuntura, coinciden en pedir tres cosas: más claridad y certidumbre en los lineamientos federales, más apoyo de la Secretaría de Salud para la realización de pruebas y la atención del Covid-19 en su estados, y tres, y en ese coinciden todos, la posibilidad de hablar directamente con el presidente y que acepten enviar a las entidades federativas más recursos extraordinarias para la emergencia, de los miles de millones que presume tener López Obrador entre sus ahorros y lo que sacará de fideicomisos y fondos de estabilización.

¿Será que en la emergencia por el coronavirus, lejos de la unificación, la cooperación y la solidaridad que requerimos en estos momentos para enfrentar el que todos los países del mundo definen como “el mayor desafío de su historia”, en México terminaremos más divididos y confrontados, sin un liderazgo nacional claro y hasta con una República fragmentada y escindida?
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