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28 Julio 2019 04:04:00
Gobierno y futbol español
Gerardo Blanco.- Escribo estás líneas la madrugada del 27 de julio, mientras los madrileños tiene los ojos clavados en las pantallas de los bares y restaurantes para presenciar el inédito “derbi” entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid, que está por disputarse a casi 6 mil kilómetros de distancia, justo en el estadio MetLife, en Nueva York.

Los dos equipos generan grandes expectativas para la temporada en puerta. El primero, acostumbrado a las estrafalarias compras millonarias, ha realizado, hasta el momento, una inversión de 303 millones de euros en nuevos jugadores durante este verano; para no quedarse atrás, el Atleti, históricamente más ajustado en presupuesto, ha invertido en fichajes la nada despreciable cantidad de 244 millones de euros. Así el inflado y desmedido mercado del futbol.

Pero más allá de la tensión que supone un juego de esta naturaleza –por más que sea de pretemporada–, especialmente para dos aficiones con antagonismos profundamente marcados, los espectadores asumen una postura más bien de relajación. Quizá sea porque la verdadera disputa, el auténtico enfrentamiento y desgaste se ha venido dando, durante toda la semana, en la cancha del Congreso de los Diputados, con el estira y afloja en las frenéticas negociaciones para acordar la investidura del próximo presidente.

Desde que nació la Constitución española en 1978, el orden jurídico que sucedió a la dictadura franquista, la democracia en este país se desarrolló bajo contiendas electorales cuyos protagonistas por la disputa del poder se redujo a solo dos partidos políticos, el Partido Popular (PP) y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Esto provocaba que, en un sistema de investidura parlamentaria del Presidente del Ejecutivo, el partido que obtenía la mayoría en el Legislativo, elegía al presidente del país.

Ese pragmatismo despareció en las elecciones 2015, cuando, atendiendo a la tendencia que encausaba a la mayoría de las democracias en el Mundo, los españoles optaron por elegir nuevas alternativas, principalmente aquellas cuyo discurso se catalogaba como antisistema. Este fenómeno puso en el escenario político a fuerzas emergentes como Ciudadanos y Podemos, quienes fragmentaron el voto y, en consecuencia, la representación, generando que no se obtengan mayorías absolutas en el legislativo y, por ende, se rompa con la posibilidad de designar al presidente sin previos consensos con otros partidos. Fue hasta octubre de 2016 cuando los diputados, después de meses de negociaciones, decidieron formar Gobierno, designando finalmente a Mariano Rajoy, del PP.

Hoy el Gobierno español se encuentra en la misma encrucijada, ya que, después de dos intentos de votación fallidos (martes y jueves), Pedro Sánchez no logró obtener la mayoría de votos para ser investido como Presidente, al no llega a un acuerdo con Unidas Podemos para formar un Gobierno de coalición.

La democracia es asimétrica, no tiene una sola forma y toma diferentes cauces dependiendo el contexto en el que se desenvuelve. Por ejemplo, en México, en las elecciones de 2018, el sistema político tomó un inercia inversa a la española. Si bien también se voto por un partido antisistema –AMLO y su discurso en contra de la mafia del poder–, tuvimos una elección con mayoría de votos para un solo partido (Morena, 53%) y con mayoría en ambas cámaras del Congreso de la Unión, después de casi tres décadas de dirimir la política en un tripartidismo.

Volviendo al caso de España, si para el 23 de septiembre no se llega a un acuerdo para formar Gobierno, se estarían repitiendo las elecciones el 10 de noviembre. No en vano, Pedro Sánchez ha manifestado la necesidad de reformar el Artículo 99 de la Constitución con el fin de evitar bloqueos institucionales que permitan acordar Gobierno.

El partido acabó con un estrepitosa goleada de 7-3 en favor del Atlético. Bien dijo el taxista que me condujo al hotel: “Hay que celebrar que los triunfos del Atleti son inciertos, pueden pasar años para poder disfrutar uno. Pero cuando se dan, se gozan más que los del Real Madrid”. Qué paradoja, igual de incierto es el panorama político español.
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