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María del Carmen Maqueo Garza
María del Carmen Maqueo Garza
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Coahuilense, médico pediatra, apasionada de la palabra escrita. Desde 1975 ha sido columnista en diversos periódicos regionales. Bloguera a partir del 2010. Participa activamente en el Taller literario “Palabras al viento”. Tiene varios libros publicados. Inquieta por la problemática social, en particular la relativa a nuestros niños y jóvenes. Sus colaboraciones invitan a asumir que la resolución de esos problemas es tarea común para todos. Su blog: https://contraluzcoah.blogspot.com/

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29 Septiembre 2019 04:00:00
Greta y Ricky: Del respeto a la paz
Concluyó de manera exitosa la Cumbre de Premios Nobel de la Paz en la hermosa ciudad de Mérida, Yucatán. Evento dentro del cual se otorgó el “Premio por la Paz” a Ricky Martin, músico, cantante, escritor y activista por los derechos humanos, en particular de la comunidad LGBT. De manera simultánea, la adolescente sueca Greta Thunberg tuvo una brillante participación en Nueva York, en la Cumbre del Clima convocada por la ONU, con un discurso directo y claro, en el que reclama al mundo adulto su apatía ante el calentamiento global. Quienes tratamos de estar al tanto de las cosas, fijamos la atención en ambos personajes, sacamos conclusiones y –de manera ideal—, emprendimos algún cambio frente a los problemas señalados. La otra parte de la humanidad siguió impasible, sufriendo las consecuencias sin alcanzar a plantearse un “¿por qué?”.

Hablar de homosexualidad no es fácil para los que nacimos previamente a la generación de los “Millennials”. Quienes llegamos al mundo antes de los años ochenta del siglo pasado, crecimos con arquetipos muy rígidos en nuestra educación. Lo que no era blanco era negro, sin admitir términos intermedios, así de simple. En contraste, los jóvenes nacidos en la proximidad del nuevo milenio tienen una mentalidad mucho más flexible e incluyente. Han roto con las rigideces que a nosotros nos paralizaban, y están en capacidad de aceptar más que comparar; de acoger sin tanto juicio ni pasmo.

Con relación a la orientación sexual en individuos adultos, el primer estudio serio lo llevó a cabo el biólogo Alfred Kinsey en el estado norteamericano de Indiana, a mediados del siglo pasado. Los resultados indicaron que parte de la población estudiada, no era totalmente heterosexual como su perfil social lo indicaba. A la luz de lo que observamos a 70 años de distancia, descubrimos que, después de todo, Kinsey no andaba tan perdido en sus conclusiones, y lo que entonces se consideró descabellado, hoy se acerca a la verdad, a partir de la libertad que hay para manifestar la orientación sexual. Ahora bien, lo que busca Ricky Martin como activista y filántropo, es que más allá de las diferencias entre unos y otros, nos esforcemos en construir la paz, una paz para todos, independientemente de los rasgos identitarios de cada cual.

Es muy fácil colgar etiquetas, discriminar y dividir. Lo difícil es precisamente, colocarnos por encima de los prejuicios para encontrar las coincidencias, más allá de las diferencias que podamos tener por razón de nuestra raza, color de piel, condición social, orientación sexual, o doctrina religiosa o política. Ser capaces de aceptar y respetar los derechos de los demás, del modo como nosotros queremos ser aceptados y respetados, es tomar el camino hacia la paz.

Greta Thunberg, por su parte, ha tenido que sobreponerse a otro tipo de prejuicios, antes de hacerse escuchar: Es portadora del síndrome de Asperger, condición dentro del espectro del autismo que no vuelve fácil la convivencia con los demás. En muchos casos el paciente con Asperger tiene una capacidad intelectual muy por encima del promedio, y este parece ser el caso de Greta. Debe aclararse que la ciencia moderna habla de “inteligencias múltiples”, y descarta aquel demoledor coeficiente intelectual que –dicho sea de paso—constituía una herramienta más de esos arquetipos maniqueos del siglo pasado, que nos partían la vida en dos.

Greta es la voz de niños y jóvenes a quienes estamos dejando sin futuro. El cambio climático viene a ser el resultado del manejo irresponsable que nosotros, los adultos, hemos hecho de los recursos naturales. Desde el popote plástico hasta los reactores nucleares; desde la bolsa de un solo uso en la tienda de conveniencia, hasta la mala planeación del transporte urbano. Desde el consumo excesivo de carne de res, hasta la extinción del rinoceronte blanco debido al tráfico de marfil. Todo ello deriva de la enfermiza ambición a la que el consumismo nos ha llevado. Un consumismo que plantea la falsa verdad de “vales por lo que tienes”.

El presidente norteamericano Donald Trump ha desestimado de fea manera los reclamos de Greta, pese a ello, la chica no ha cedido un centímetro tras dichas denostaciones. Posición de la cual hay mucho que aprender: ¿Qué tal si empezamos a fijarnos menos en cómo son los demás, y más en la forma como los tratamos? ¿O si asumimos desde nuestra inteligencia, que no hay personas mejores ni peores, sino distintas? ¿Y si antes de levantar el dedo para descalificar, nos asomamos a nuestro interior? Lo más probable es que, con ello, dejemos de juzgar tan duramente a otros.

Hacia un mundo de paz y de respeto: O le entramos todos, o nos extinguimos por la vía rápida. Al fin que encaminados ya estamos.

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