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Columnista Político

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17 Abril 2011 05:10:52
Guerra de egos en la Coalición
Juárez decía que “los arreglos de coyuntura para hacerse del poder por el poder mismo carecen de sustento ideológico y tarde o temprano aflora la naturaleza de cada cual y los acuerdos se colapsan”.

Hoy la máxima está vigente en Coahuila e identifica con claridad la situación por la que atraviesan los partidos políticos que van juntos a las elecciones estatales del 3 de julio, en un intento por contrarrestar el arraigo electoral del Revolucionario Institucional.

El Partido Acción Nacional, el de la Revolución Democrática y Unidad Democrática de Coahuila (UDC) no terminan de acomodarse en la autodenominada coalición “Por un Coahuila libre y seguro” y ya enfrentan su primer gran problema.

Los dirigentes de los tres organismos partidistas se tiraron al agandalle, pero en último momento el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Coahuila (IEPCC) les marcó el alto y les impidió, con la ley en la mano, registrar de manera independiente las listas de candidatos a diputados plurinominales.

PRIMERA LLAMADA… PRIMERA… La intención de los coaligados para presentar las listas por separado era garantizar que sus principales alfiles –Fernando Gutiérrez Pérez (PAN), Gustavo de la Rosa Ramírez (PRD) y Evaristo Lenin Pérez Rivera (UDC)– accedieran a sendas diputaciones en la siguiente Legislatura estatal.

Con ello los tres amarrarían un ingreso económico importante en los próximos tres años, a sabiendas del fracaso electoral que se avista para la alianza.

Ellos saben que a poco más de dos meses de los comicios será prácticamente imposible remontar la ventaja que entre los electores les lleva el PRI, de tal suerte que pretendían encaminar a sus perfiles más fuertes para tener una adecuada representación de minoría en el Congreso y de paso acomodarse la frase del ideario popular: “de lo perdido lo encontrado”.

En una actitud por demás ventajosa, PAN-PRD-UDC pretendieron ir en alianza solamente donde les convenía, es decir, en la elección de gobernador y en las 16 diputaciones de mayoría donde no tienen posibilidades de triunfo y optaron por ir separados al momento en que se repartieran las posiciones de representación proporcional.

Sin embargo, con el Código Electoral de por medio, los consejeros del IEPCC les dieron el portazo en la nariz. El Artículo 16 de la legislación señala que en caso de coalición los partidos involucrados deberán registrar una sola lista de aspirantes.

SEGUNDA LLAMADA… SEGUNDA… Con base en esto, la distribución de las nueve diputaciones de minoría quedaría de la siguiente forma:

En la primera ronda de asignaciones el PRI, el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), Nueva Alianza (Panal), Primero Coahuila (PPC) y Social Demócrata de Coahuila (PSD) tendrían sendas curules, al igual que la Coalición y el Partido del Trabajo (PT).

En tanto, las dos representaciones restantes serían, por los porcentajes de votos que seguramente alcanzarán, el PRI y la Coalición.

Con base en su estrategia visible, el PRI tendría una fracción parlamentaria compuesta por 18 integrantes, en tanto que los partidos coaligados se quedarían con dos y las otras cinco posiciones serían, como ya se mencionó para el resto de los organismos partidistas que participarán en la contienda.

Considerando que el PRI irá a los comicios del 3 de julio en coalición parcial con el PVEM, Panal, PPC y PSD y que éstos seguirían siendo sus aliados una vez que los legisladores entren en funciones, la oposición se reduciría a tres de 25 legisladores.

TERCERA LLAMADA… TERCERA… PRINCIPIAMOS… Para la alianza PAN-PRD-UDC el principal problema no es que deba presentar una sola lista de candidatos a diputados de minoría, sino la composición que la propuesta deberá tener.

El Código Electoral establece que entre los listados deberán prevalecer valores de equidad de género, de tal forma que si el primer aspirante es hombre, la segunda posición deberá ser para una mujer y así de manera sucesiva.

Considerando que la Coalición accedería a dos diputaciones de representación proporcional, el primer lugar en la lista deberá ser o para Fernando Gutiérrez, o para Gustavo de la Rosa o para Lenin Pérez Rivera, en tanto que en el segundo sitio deberá entrar una mujer.

Si se toman en cuenta condiciones como la ambición y el protagonismo de esos tres personajes se anticipa una lucha de egos en el interior de la alianza, pues nadie estará dispuesto a ceder.

Como cabeza de la Coalición, el PAN tiene prácticamente asegurado su lugar y sería posible pensar que dada su condición de partido político nacional la segunda diputación debería ser para el PRD, pero resulta que electoralmente ese organismo en Coahuila no representa más allá del 3 por ciento.

De hecho, en los últimos comicios de legisladores locales, Unidad Democrática de Coahuila superó por mucho la votación obtenida por el PRD, aunque se debe considerar también que en aquella época la UDC tenía un militante con fuerte arraigo en la Comarca Lagunera, el profesor Jesús Contreras Pacheco, ahora dirigente del PPC.

No existen buenos augurios para que la Coalición salga del atolladero en que se encuentra y si los errores de estrategia y la lucha de egos se mantienen, llegará con pronunciadas divisiones a la etapa más fuerte del proceso electoral: las campañas de proselitismo que iniciarán el 16 de mayo para la elección de gobernador y el 26 de ese mismo mes para la de diputados.

Hoy la máxima juarista está presente, pues cuando las ideologías se tuercen y se aprovechan las coyunturas políticas con la idea de agandallar y dar la batalla del poder por sí mismo la cuerda tiende a reventar.

SE CIERRA EL TELÓN… El Presidente de México no encuentra la forma de salir del problema que se le vino encima al no considerar las consecuencias de involucrar a los mexicanos en una guerra contra el narcotráfico, para la cual ni el país ni el Gobierno estaban preparados.

Felipe Calderón cometió un error del tamaño de la violencia vigente que ha cobrado la vida de unas 40 mil personas, y lejos de asumir con humildad la responsabilidad que tiene en el caso, se muestra intolerante a los reclamos de justicia y tranquilidad que se manifiestan en cada rincón del país.

En la semana que terminó Calderón vino a Coahuila a decir que el “ya basta” debe ser una exigencia para los delincuentes y no para su gobierno. Quiso eludir la consecuencia de las políticas erradas de seguridad impulsadas por su gobierno, cuando constitucionalmente el Estado tiene la obligación de garantizar a los ciudadanos condiciones de vida en paz y tranquilidad.

No se trata de que las autoridades dejen de combatir a los criminales, sino de que la lucha se realice en orden y con garantías de éxito y lo menos que los mexicanos pueden esperar de sus gobernantes es que den la cara con aplomo, reconozcan estrategias fallidas y retomen el rumbo.
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