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José Luis del Río y Santiago
José Luis del Río y Santiago
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Actualmente es rector de la iglesia San Pablo Apóstol, ubicada en Los Valdés y encargado de la Comisión de Nuevas parroquias en la Diócesis de Saltillo, y catedrático en el Seminario de Historia de la Iglesia y Teoría Odegética. Su trayectoria por tres décadas en el Ojo de Agua lo distinguen, y más aún el hecho de que sea el único sacerdote exorcista autorizado, estudios que cursó por cuenta propia, además de actualizaciones a través de cinco congresos internacionales.

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12 Julio 2010 03:00:01
Hacer ‘una sola’ comunidad internacional
Trabajando por el bien político de la propia comunidad nacional los católicos no deben perder de vista el bien común “universal”. La Iglesia siempre ha tratado de ampliar la visión social del católico.

La Iglesia nos recuerda que la construcción de la “comunidad internacional” es ahora realmente universal. Pero, para lograr una adecuada y más eficaz realización del bien común, es necesario que “la comunidad de las naciones” incluya deliberadamente, en su agenda de trabajo, este propósito, particularmente cuando se trata de tomar en cuenta a numerosas regiones del mundo que todavía ahora se encuentran en un estado intolerable de miseria. Los cristianos deben, naturalmente, contribuir a este trabajo y, con todo el corazón, cooperar a la edificación del orden internacional, con el sincero respeto de las legítimas libertades y en una amigable fraternidad con todos.

Afortunadamente ya existen instituciones internacionales que ponen todo su esfuerzo en conseguir este objetivo y que ya tienen muchos méritos reconocidos por la humanidad. Ante esta realidad la Iglesia se alegra al contemplar una verdadera fraternidad que florece entre los cristianos y los no cristianos. Sin embargo, estas instituciones parecen representar solamente “los primeros esfuerzos” por colocar los fundamentos internacionales de toda la comunidad humana con el fin de resolver los más graves problemas de nuestro tiempo.

En la construcción del orden internacional se trata, en primer lugar, de establecer una mayor cooperación internacional en el campo económico. Los obstáculos que se oponen son: “el deseo de beneficios excesivos”, “las ambiciones nacionales”, “el ánimo de dominio político”, y cosas semejantes. Los diferentes sistemas sociales que hay en el mundo, en materia económica, consideran que es deseable que los expertos puedan encontrar, entre ellos, las bases comunes para establecer un sano comercio mundial. Esto será más fácil si cada uno renuncia a los propios prejuicios y se abre a un diálogo sincero.

Hay que contemplar también la “cooperación internacional” cuando se trata del incremento de la población mundial. Hoy se calcula que en los tiempos de Jesús existían cerca de 200 millones de hombres. Para duplicar esta cifra se requirieron mil años.

La Iglesia advierte que el control de la explosión demográfica no debe ser contrario a la “ley moral” y que “la decisión acerca del número de hijos que haya que traer al mundo depende siempre del recto juicio de los papás”, que este juicio supone también “una conciencia bien formada” y por esto es de gran importancia dar a todos el modo de educarse en una recta responsabilidad, como verdaderamente conviene a seres humanos, en el respeto “a la ley divina” y teniendo en cuenta todas las circunstancias, y no sólo recomendar indiscriminadamente el uso de anticonceptivos artificiales. También hay que considerar a nivel internacional “la acción social y caritativa” con la cual se debe evitar el escándalo que dan las naciones (incluso naciones cristianas) que gozan de una gran abundancia de bienes, mientras que otras se encuentran, frecuentemente, privadas de lo más necesario para vivir.

En esta tarea de edificar la comunidad internacional la Iglesia debe estar totalmente presente. Esto, tanto mediante sus instituciones públicas como también con la plena y leal colaboración de todos los cristianos, animados por el único deseo de servir a los demás. Para alcanzar este fin, de modo más eficaz, los fieles, conscientes de su responsabilidad humana y cristiana, deberán esforzarse por despertar una voluntad pronta a colaborar con la comunidad internacional.
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