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Alejandro Irigoyen Ponce
Alejandro Irigoyen Ponce
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13 Enero 2021 04:09:00
Hartos y criminales
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Será la llamada fatiga pandémica, el cada vez más generalizado hartazgo por las hostiles condiciones que impone el vivir bajo la amenaza de un virus; será simple ignorancia o ese “negacionismo suicida” al que se refiere el papa Francisco, cuando señala que no entiende cómo se puede menospreciar el riesgo y literalmente jugar con la salud propia y la de los que nos rodean… será algo de eso, o todo, pero cada vez más personas deciden dejar de luchar y eso es lo peor que nos puede pasar.

A los indolentes e irresponsables, a esos nada ni nadie podrá hacerlos cambiar. Ellos juegan cotidianamente a la ruleta rusa y mientras las autoridades no se decidan a aplicar mano dura, lo único que cabría esperar es que en su muy corta y torpe visión del entorno no arrastren a nadie más.

Y a los que han sido rigurosos con las medidas de autoprotección, pero que ya no aguantan más, que están a punto de rendirse, queda advertirles que, también los médicos y enfermeras están hartos pero que siguen en la lucha, en la trinchera. Si ellos no se rajan, ¿qué derecho tendría usted a hacerlo?

Y en este contexto, le comparto la postura pública que asumió un funcionario de primer nivel del Gobierno de Querétaro, de nombre Rafael López González. No tiene desperdicio, y cito: “es momento de dejar de luchar para que la población acate las medidas sanitarias; si quieren contagiarse, son libres de hacerlo; si deciden enfrentar la posibilidad de morir durante los siguientes 15 días, son libres de hacerlo; si deciden poner en riesgo a sus familias y cargar con la responsabilidad de un posible desenlace fatal, es su decisión”.

Sí, cada vez más personas, en todos los niveles y grados de responsabilidad, están hartos de la indolencia ciudadana; están a punto de rendirse, y es lo peor, insisto, que nos puede pasar. Aún estamos lejos de que termine la pandemia.

Pero ese funcionario de Querétaro se equivoca en algo fundamental: la indolencia individual no tiene consecuencias solo para el que es omiso o irresponsable, no, tiene consecuencias para todo su entorno.

No, no son libres de contagiarse si así lo deciden, ya que abren ventanas de riesgo y nadie más tiene por qué pagar por ese “negacionismo suicida” al que se refiere el Sumo Pontífice.

El problema es que en su ignorancia o hartazgo arrastran a sus familias y amigos, comprometen el sistema de salud y, en el lance, prolongan la emergencia sanitaria.

No, no son libres de hacer lo que quieran; son en el fondo unos criminales sociales y como tal deben ser tratados, por su entorno y por las autoridades.
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