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Rafael Flores Ramos
Rafael Flores Ramos
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10 Agosto 2012 03:00:36
‘Hay que parar la oreja’
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Don Pablo Lozano. Es un ícono del toreo. Matador de toros, empresario, ganadero, apoderado, es una de las voces más autorizadas para comentar sobre lo que sucede en el negocio de los toros. Por la trayectoria profesional, para don Pablo no existe faceta que desconozca del toreo, y por eso cuando habla, como se dice coloquialmente, “hay que parar la oreja”. Su vida es ordenada y plena de campo bravo y asistencia a las corridas de toros para, como dice él, “estar actualizado”.

Del conjunto del espectáculo taurino actual en España opina: “El espectáculo taurino está muy mal en la actualidad. La fiesta está en un declive muy grande, y como no se tomen medidas fuertes e inmediatas, en cinco o seis años habrá una sorpresa desagradable muy grande”. “La culpa –opina don Pablo– es de los taurinos que nos organizamos muy mal. Si nos juntamos dos para hacer algo es para ir en contra de otros dos. Nos atacamos a nosotros mismos y se crean situaciones y aspectos muy complicados, por ejemplo, la creación de un grupo de 10 toreros por el tema de los derechos de televisión. Estas cosas han surgido de la mano de algunos matadores como “El Juli”, y lo cierto es que no la entiende nadie más que el propio torero, particularmente en un momento económico tan delicado, ya no se diga para los toros, sino para todo España.

“El toro no debe pesar más de 500 kilos ó 520, y el caballo no más de 300 kilos, para presentarle como lo piden (especialmente en Madrid, en donde lo que importa es el kilaje); se pierde de vista el concepto de bravura, se han dejado de lidiar ganaderías que tenían acometividad y codicia, pero que no crían mastodontes, sino armonía. Soy partidario de ese tipo de toros, de los que acometen y dan sensación de quererse comer la muleta con codicia y desde luego con nobleza, pero si me piden kilos, empieza a prevalecer para el ganadero, un criterio de báscula, no de comportamiento.

“En los años en los que yo toreaba era más complicado llevar a los toros al caballo, ahora el toro se va contra la mole del caballo y su protección, desde luego respeto a los picadores de ahora, pero antaño, en mi época, había una gran diferencia para hacer las suertes de varas y los nombres de los picadores eran muy reconocidos, hoy honestamente es difícil hacer la diferencia entre unos y otros, que probablemente, de bajar el peso de los caballos y de los toros, provocaría otro tipo de competencia (…) Si a las plazas se va a ver a un mastodonte, pasa a veces a segundo término el comportamiento, y francamente hablando, muchas veces me preguntó ¿por qué paga un boleto un aficionado”.
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