×
Gerardo Aguado
Gerardo Aguado
ver +
Gerardo Abraham Aguado Gómez es miembro de Acción Nacional desde 2008. Actualmente es Diputado local en la LXI Legislatura del Congreso del Estado de Coahuila. @GerardoAguado

" Comentar Imprimir
22 Junio 2019 04:01:00
Hielo
Suceden tantos acontecimientos tan rápido, que tuve que postergar mi análisis post-electoral del pasado 2 de junio y publicarlo hasta este momento. Y es que no me dejará mentir estimado lector, pero cada elección es distinta y deja duras lecciones.

Para que me entiendan, las elecciones –que dicho sea de paso su protagonista es el electorado, no el candidato– son maestras de vida: tajantes, estrictas y de resultados irreversibles, sus regaños duelen, pero enseñan. Sin embargo, este duro maestro, ¿Qué elementos toma en cuenta para determinar la coyuntura electoral?

Después de una dictadura perfecta, la llegada de la alternancia en manos de Acción Nacional, su fugaz paso (12 años que son muy poco tiempo para cambiar el rumbo del país) y el regreso de la dictadura que llegó a querer gobernar sin darse cuenta que el país había cambiado, lo cual significó un retroceso –y su debacle– que terminó por cansar a un electorado asqueado del “sistema”, harto “de los mismos” y buscando respuestas, aunque fueren de forma y no de fondo.

Entonces llegó el proyecto de la llamada “4T” que ya llevaba algún tiempo posicionando un discurso de odio contra el sistema, que no había logrado el resultado en dos elecciones presidenciales, pero que seguía terco para llegar a su “tercera es la vencida” y lograr un contundente triunfo basado en decir y repetir lo mismo durante años: “hay una mafia del poder”, “todos son corruptos menos yo”, “todo es culpa del PRIAN”, triunfo que cambió para siempre el panorama electoral.

El movimiento encabezado por Andrés Manuel se volvió menos idealista y más pragmático, acogió principalmente a aquellos grupos del PRI que sentían que la nave se hundía y comenzaba a dar forma a una máquina electoral desordenada sí, pero robusta, que haría las veces –en la historia del país– de prácticamente un nuevo PRI.

Sin embargo, una cosa es hacer campaña durante años y otra muy distinta gobernar. Al poco tiempo el Gobierno de la 4T se desdibujó y pasó de la luna de miel donde todo es amor, a vivir las dificultades del día a día y el desgaste de gobernar. Malas decisiones, órdenes y contraórdenes, “dimes y diretes”, renuncias en su Gabinete, consultas anticonstitucionales, la cancelación del aeropuerto de Santa Lucía, el elefante blanco del Tren Maya, la reducción de participaciones federales en las entidades, la disolución del exitoso programa implementado por Felipe Calderón Estancias Infantiles, llegaban al 2 de junio como la carta de presentación del Gobierno emanado del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).

Imagine esta ecuación con la imposición de una “dictadura perfecta” (PRI), más la fugaz alternancia (PAN) y la adición final de la desilusión provocada por un proyecto (4T): el resultado es que se terminó por dilapidar el entusiasmo del electorado, que se manifestó de distintas formas, pero la principal y absoluta en la jornada electoral fue el abstencionismo.

Los comicios estuvieron marcados por la baja participación, el promedio no rebasó el 33% en los seis estados. En Puebla, después de una violenta jornada electoral donde había resultado ganadora la panista Martha Érika Alonso (DEP), y donde quedó demostrada la falta de madurez democrática del lamentable candidato Barbosa, se dio el triunfo para “el moreno” en la reposición del proceso, sin embargo el mal humor social y la confrontación terminó por registrar una participación del 33 por ciento.

Otro de los estados con elecciones fue Baja California, que registró una participación del 29%, en Quintana Roo apenas el 22 %, Tamaulipas el 33%, Aguascalientes el 38% y Durango, que sacó la casta con el casi 45% de su padrón.

Además de la manifestación de rechazo del electorado a través del abstencionismo, otro dato digno de llamar la atención es la inminente desaparición del Revolucionario Institucional, –si no hacen algo extraordinario– creo que su actuar especialmente en la Cámara baja está terminando por entregar a esta institución política, lo que podría hacerla desaparecer. Para muestra un botón, en las entidades sus candidaturas fueron prácticamente testimoniales, comenzando ya los problemas de registro en muchos casos.

Gran responsabilidad resulta para Acción Nacional y quienes lo representamos en alguna de sus formas, ya que se convierte en automático en la única fuerza política viable para frenar las locuras de la 4T –sí, en medio de esta crisis de partidos–, incluso llegando a obtener una mayor cantidad de votos que Morena en este pasado proceso, que si bien no puede celebrarse como un triunfo –y mal haríamos– si es materia de reflexión para ver hacia adelante, asumir el reto y la responsabilidad que la ciudadanía nos otorga, sin dejar de lado que el “mal humor social” sigue vigente.

Así pues los movimientos en el siempre interesante y complejo mapa electoral. En resumen, el principal mensaje de la ciudadanía es el de la poca credibilidad hacia los partidos y los políticos “en su forma actual” como la conocemos, quizás en los siguientes procesos electorales pasemos de un juego de partidos a una partida de movimientos, y lo explico, antes un partido político era como un autobús de pasajeros, con capacidad para muchos, asientos cómodos, aire acondicionado y suficiente ga-
solina para llegar a cualquier lado; hoy los partidos parecen convertirse en ese carro viejo, de máximo dos pasajeros, incómodo y con la bomba de gasolina descompuesta.

Habrá que evolucionar, sin duda, porque posiblemente nos encontramos ante los últimos momentos del sistema partidista como lo conocemos hasta hoy, mientras no cambiemos, el electorado seguirá aplicando a los políticos la fría y solitaria
“ley del hielo”.
Imprimir
COMENTARIOS



0 1 2 3 4 5