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Fernando de las Fuentes
Fernando de las Fuentes
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21 Diciembre 2019 04:07:00
Hoy mismo
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Cada vez que escuchamos la expresión “un día a la vez”, evocamos principalmente su uso terapéutico. Como sinónimo de un llamado a la tranquilidad, nos permite combatir la ansiedad, la angustia y el miedo, entre otros patrones emocionales devoradores.

Sin embargo, la verdadera dimensión de la frase es mucho más profunda y su práctica es la gran hacedora de milagros; es la clave para lograr absolutamente todo lo que nos propongamos. Esto es porque el verdadero sentido de un día a la vez es vivir el aquí y el ahora.

La vida solo se vive si está usted plenamente presente en el día que está transcurriendo, para lo cual le estorban los fardos mentales y emocionales que ha venido cargando, llenos de dolores y rencores del pasado, o aun de buenas experiencias, y de miedos y preocupaciones acerca del futuro.

El contenido de estos fardos lo hace vivir discutiendo en su mente con personas ausentes, dándole lecciones a quien lo humilló, tramando como quitar a otros de su camino, previendo posibles escenarios de desgracia para “estar preparado”, temiendo la forma en que será traicionado, justificando sus decisiones y sus acciones, tratando de remendar lo “imperfecto” de sus actuaciones, descalificando a los demás y, en general, dejando que su pensamiento vague incontrolado por todas las infinitas maneras que hay de evadir el momento presente y, por tanto, dejar que la vida transcurra sin usted en ella.

Uno cree que construye su vida a partir de los merecimientos que acumula: estudios, éxitos laborales, familia, dinero, para luego literalmente “echarse a descansar” mentalmente, hasta que nos damos cuenta de que todo lo ganado se perdió o de que no es en realidad lo que deseamos.

Esto es porque lo que deseamos que suceda tiene que estar sucediendo en el momento en que lo deseamos, antes que nada, en nuestra mente, todos los días, un día a la vez, para convertirse en realidad.

Es decir, todos los días, hasta nuestra muerte, tenemos que hacer las cosas que construyen, no las que destruyen. Tenemos que convertir en un hábito el agradecer, incluso en las situaciones más difíciles, soltar nuestros miedos, confiar en Dios y en nosotros mismos, pensar en que los mejores días siempre están por venir, en que sabremos resolver en su momento los problemas sin tener que preocuparnos por ellos, en que estamos hechos para la abundancia y en que los inconvenientes son siempre oportunidades para crecer.

Si tenemos estos patrones mentales, en lugar de los fardos, nos será más fácil hacer ejercicio todos los días, ser generosos, afectuosos, entusiastas, resolutivos, emprendedores, creativos, y a partir de estas actitudes y actividades, comenzarán a llegar a nuestras vidas todas las cosas buenas.

El universo es mente. Tanto el tiempo como el espacio y toda la materia contenida en ellos ocurren en el sentido en que la mente transcurre. Los humanos estamos hechos de mente y tenemos la capacidad de darle un contenido y una calidad, que determinan la forma en que viviremos no solo individualmente, sino en colectivo y en relación con todo lo que nos rodea.

Para vivir nuestro hoy y nuestro momento presente, es necesario que dejemos de intentar vivirlo todo a la vez: las penas, las alegrías, la felicidad, las tristezas, el amor, las preocupaciones; el pasado, el futuro y el presente. Es necesario, pues, que soltemos la necesidad de controlar y fluyamos.

Por supuesto que debemos planear, pero empezando por la forma en que elegiremos vivir nuestro día. Esa es la planeación esencial. Un día a la vez, uno tras otro. Descubrirá, como dice el maestro espiritual Eckhart Tolle, que cuando se hace amigo del momento presente se sentirá en casa donde quiera que esté, de lo contrario se sentirá incómodo donde quiera que vaya.

Día a día, descargue sus fardos. No los necesita.

Respire y siéntase.
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