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María del Carmen Maqueo Garza
María del Carmen Maqueo Garza
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Coahuilense, médico pediatra, apasionada de la palabra escrita. Desde 1975 ha sido columnista en diversos periódicos regionales. Bloguera a partir del 2010. Participa activamente en el Taller literario “Palabras al viento”. Tiene varios libros publicados. Inquieta por la problemática social, en particular la relativa a nuestros niños y jóvenes. Sus colaboraciones invitan a asumir que la resolución de esos problemas es tarea común para todos. Su blog: https://contraluzcoah.blogspot.com/

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02 Febrero 2020 03:30:00
Huellas en el cielo
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Falleció don Antonio Gutiérrez, empresario y filántropo coahuilense. Fundó su empresa en la Región Carbonífera en 1961, y se fue ampliando desde Monclova hasta la franja fronteriza. Siempre generoso, con la gentileza y la sencillez de un caballero.

Leí un artículo de Franz de Paula, que invita  a vivir la vida con pasión. A emprender aquello que nos llama, con entusiasmo y entrega, para cambiar el mundo. Pareciera como si las acertadas palabras del escritor estuvieran dibujando de cuerpo entero a don Antonio, su entrega al trabajo, su definitivo compromiso con la comunidad.

La conjunción de estos dos elementos, la partida de don Antonio y el dicho del escritor, abren un vasto abanico de reflexiones, más en estos tiempos en que con tanta facilidad tendemos al desaliento. Volteamos a mirar nuestro entorno en los diversos ámbitos, y sentimos que las cosas no van bien, o no van tan bien como deberían, de modo que nos invade una pesadumbre, que se adhiere a nuestra vida como una sombra.

Pudiéramos decir que en la vida hay dos tipos de soñadores, aquellos que sueñan en conquistar elevados riscos, extienden las alas de la imaginación, pero no se atreven a desprender los pies de la tierra. 

Por otro lado, están aquellos que se proponen una conquista más sensata, extienden las alas y se lanzan con todo hasta alcanzar la meta propuesta. Con el tiempo a su favor, van conquistando una tras otra las salientes de la cordillera. No se detienen a regodearse con su primer logro ni a lamentarse por algún fracaso. Simplemente se levantan, se sacuden el polvo y vuelven a lanzarse de frente y con todo.

Coincidí en algunos eventos con don Antonio, sin embargo, nunca estreché su mano o crucé palabra con él. Y como yo, seguramente habrá un buen número de ciudadanos que experimentaron algo similar, y que –aun así-– hoy lamentan profundamente su partida.  Las almas grandes dejan huellas imborrables en el cielo.

Algún canal televisivo anuncia con bombo y platillo el inicio de nuevas novelas con el tema del narcotráfico. Muy a pesar de opiniones que nos quieren vender las propias televisoras y sus aplaudidores, en lo personal considero que tales contenidos favorecen el fenómeno de “normalización” de la violencia. Y este contamina el ambiente que todos respiramos. Si al niño, desde que es bebé lo ponemos en contacto con dicho material audiovisual, crece asumiéndolo como normal, ya que es parte del imaginario familiar. Más delante, los arquetipos que las novelas presentan influirán en la conformación de su propia identidad. ¡Vaya! Si los personajes se exhiben como prósperos y poderosos, ¿por qué no aspirar a ser como ellos? Entonces surge la violencia en todas sus formas y grados, con las consecuencias que después lamentamos.

El chico que vive con esos contenidos  metidos hasta la cocina todos los días, y no encuentra los arquetipos ideales para el desarrollo de su personalidad, echará mano de lo que tiene cercano, que conoce y en cierta forma admira.

En un ambiente viciado como el que vivimos los mexicanos de estos tiempos, surge un personaje de la talla de don Antonio Gutiérrez, quien apuesta a la creación de empleos, a la educación en todos los niveles, y finalmente a la familia. Un líder que dice “sí se puede”, y nos lo demuestra mediante los hechos, haciendo uso de su capacidad de crecimiento y de organización. Un ser humano que invita a trabajar para llegar tan alto como se proponga, y cuando así se consiga, nos recuerda no olvidarnos nunca del que viene abajo. Un ejemplo de mexicano con el amor a la patria tatuado en el alma.

Un abrazo a doña Herminia, su viuda, y a sus hijos, herederos de un gran legado de amor a la vida. Descanse en paz don Antonio, sembrador de huellas en el cielo.



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