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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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28 Octubre 2018 04:00:00
Improvisación
Es ilegal. Está sesgada. Provocará una convulsión económica semejante al “error de diciembre” del sexenio de Ernesto Zedillo. El peso se irá a pique. Las casillas se ubicaron al antojo y conveniencia del convocante. Es pura farsa. La decisión está tomada de antemano. Con ella, quien debiera tomarla se lava las manos y delega la responsabilidad a un puñado de ciudadanos. Se trata de un ejercicio ciento por ciento democrático. El pueblo es bueno y solo unos cuantos corruptos no descalificarán el sentir de los ciudadanos.

Mentira: la metodología es deficiente, por no decir inexistente. Debemos tomar en cuenta los daños al medio ambiente. ¿Qué prefieren, agua o aeropuerto? Los expertos dicen que… Pero otros expertos opinan que… Los resultados carecerán de validez, pues serán, en el mejor de los casos, expresión de un reducido número de votantes. Atacan el procedimiento quienes tienen intereses económicos en uno de los proyectos. Texcoco sí. Santa Lucía sí. Texcoco no. Santa Lucía no. No tengan miedo, yo, personalmente, convenceré a los contratistas de las bondades de abandonar la obra en marcha.

En medio de una lluvia tormentosa de opiniones en favor y en contra del sondeo, finalmente se llegó el día de ponerlo a prueba. Instalaron las casillas. Algunas personas acudieron a depositar su voto. Empezaron a presentarse las irregularidades. Falló el sistema. Esto permitió que periodistas de distintos rumbos del país votaran no solamente dos veces, sino hasta cuatro y cinco. Las boletas carecen de folio. La tinta indeleble no funciona, desaparece rápidamente.

Más allá de las fallas y el resultado del sondeo organizado por Andrés Manuel López Obrador, hay un problema de fondo por demás inquietante, una ominosa señal sobre el futuro inmediato: la improvisación. Se esté a favor o en contra de un aeropuerto o de otro, la forma de organizar lo que podríamos llamar el primer acto anticipado del próximo Gobierno deja mucho qué desear. Esperemos que este sea un tropiezo imputable a la novatez de los organizadores y no un estilo personal de gobernar, como diría don Daniel Cosío Villegas. Por el bien de México es deseable que en el próximo sexenio no sean el capricho y la improvisación los métodos utilizados a la hora de resolver problemas o planear y ejecutar proyectos. La improvisación rara vez le atina a la decisión correcta. La improvisación y el capricho son una lotería en la que rara vez el participante tiene en la mano el boleto ganador.

Como frase, “Vox populi, vox Dei” resulta contundente y atractiva, pero la historia se ha obstinado en restarle validez. El pueblo no siempre es la voz de Dios. Sufre equivocaciones a veces catastróficas. Sobran los ejemplos: el pueblo alemán que eligió a Hitler como su guía, también llegó a convencerse de que su führer era infalible. La mayoría le creyó que los judíos representaban un peligro para el país y consideró aceptable exterminarlos.

No, el pueblo no siempre tiene la razón. Menos cuando se le consulta de forma tan chapucera como se ha hecho ahora.

LETRAS SUELTAS

A poco más de un mes de tomar posesión de la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador se expuso, creo que inútilmente, al desgaste que representó la organización de la consulta popular. Es la primera vez que un candidato electo se atreve a correr tales riesgos. Todos esperaron tener en la mano los hilos del poder antes de dar un paso trascendente. Ya veremos las consecuencias de este apresuramiento.
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