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Vicente Bello
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16 Abril 2019 04:00:00
Inaudito que AMLO no advierta del peligro grave de tratar así con Estados Unidos
Un encuentro entre empresarios de México y Estados Unidos celebrado en Mérida, Yucatán, hace unos días, acaba de poner al país en situación de angustia e inquietud, cuando Andrés Manuel López Obrador anunció que Donald Trump está interesado en invertir en el Tren Maya. Se presume que es Trump y el gobierno de los Estados Unidos.

López Obrador, en su participación durante el encuentro denominado Diálogo de CEOS México Estados Unidos, fue bastante condescendiente con los visitantes. Y se le escuchó un discurso horrendo, digno de un presidente auténticamente venido de las derechas que él tanto dice abominar.

Dijo: Por último expreso que estoy de acuerdo con los términos de la declaración conjunta que se acaba de firmar.

Y apostilló el presidente de México: Por nuestra parte, nos comprometemos hacer valer un auténtico estado de derecho. Nos comprometemos a respetar los compromisos que se hicieron para la aprobación del Tratado de Libre Comercio. Nos comprometemos a desarrollar el sureste de nuestro país y cooperar con el desarrollo de los países centroamericanos, para que la migración sea opcional y no forzosa, por falta de oportunidades o por violencia.

Nos comprometemos con la estrategia que estamos poniendo en práctica de impulsar el desarrollo de Sur a Norte, con proyectos como el Tren Maya. Como la modernización del sector energético. El proyecto del Istmo de Tehuantepec para acercar los países de Asia con la costa este de Estados Unidos.

Nos comprometemos a continuar con la política de fomento a la inversión, reduciendo impuestos y aumentando salarios sin afectar la estabilidad de las empresas en los 3 mil 180 kilómetros de la franja fronteriza con Estados Unidos.

Nos comprometemos hacer realidad el principio que acaba de expresar sobre la santidad de los contratos. Los compromisos en México se cumplen.

Y no solo todo esto. También dijo, en el remache de su discurso: (tengo) el sincero interés de tener buenas relaciones entre México y Estados Unidos por la amistad, por geopolítica y en bien de nuestros pueblos.

Hacía unos minutos, el secretario de Comercio de los Estados Unidos, Wilbur Ross, había dicho que Trump tiene interés de invertir en el Tren Maya. Y López Obrador saludaba el anuncio o solicitud como si este hecho fuera a hacer un gesto fausto y no un hecho ominoso, infausto, que ensombrece a no dudar el panorama y el destino del país.

En la reunión de marras estuvo también Laurence Fink, presidente y director general de BlackRock, la financiera más importante del planeta. Considerada una de los buques insignia de ese modelo económico que López Obrador critica un día y otro también, el neoliberalismo, que al parecer está más vivo que nunca, a pesar de que el tabasqueño lo dio por muerto en México hace unas semanas.

Es preocupante lo que dijo López Obrador y la manera como recibió a los tiburones estadounidenses.

Cuando estuvo en campaña, López Obrador prometió que el Tren Maya y el Corredor Transístmico serían obras en que se cuidaría superlativamente los intereses nacionales. Se interpretó que por ser construcciones gigantescas que implicarán a todo el sureste del país, no se permitiría la intervención de ningún país por asuntos de seguridad nacional, y que serían constructores nacionales los que estarían construyendo esa infraestructura histórica.

Y de manera muy particular, no se permitiría la participación de los Estados Unidos, dada la condición de abuso y ventaja con que históricamente siempre ha actuado este país en todo el mundo y de manera muy desafortunada en México.

Los Estados Unidos despojaron a México en 1848 de más de la mitad de su territorio. Siempre están a la caza de participar en países con visión geopolítica (el término que acuñó Halife), es decir para tomar ventajas en su favor para alimentar su visión expansionista que prohijaron desde los tiempos de su fundación como país. No ha cambiado un ápice su visión de país imperialista.

Si ellos participan ahora en el Tren Maya o el Corredor Transístmico, estarán al rato diciendo que tendrán el derecho de cuidar sus intereses. Esto implica un claro peligro para México, un país que ya fue víctima de múltiples invasiones militares perpetradas por aquellos, con resultados catastróficos para los mexicanos.

¿Cómo va a evitar López Obrador que en el futuro los gringos no pretendan intervenir militarmente al país para cuidar sus intereses en el Transístmico y el Tren Maya?

Durante décadas, México ha sido agobiado por la balcanización de su territorio como amago o amenaza de los gringos. Una balcanización del territorio mexicano sería la nueva forma de Estados Unidos para quitar más territorio a los mexicanos.

Siempre ha tenido ganas de hacerlo. Esto se ve de manera cotidiana en Baja California, adonde los estadounidenses compran y compran terrenos costeros y los alambran convirtiendo millones de kilómetros de suelo mexicano en suelo estadounidense.

Sería mejor que Andrés Manuel López Obrador no fuera tan condescendiente da la impresión de que se estaría acobardando ante los Estados Unidos con los estadounidenses y echara mano del recurso político que tanto le gusta, la consulta popular, para que pregunte si los mexicanos estarían de acuerdo con que Estados Unidos participe en aquellas dos obras gigantescas que ha prometido en su sexenio.

Fue francamente decepcionante su discurso. Podría estar abriendo una de las puertas del infierno, por donde Estados Unidos podría darse el pretexto para despojar otra vez a México territorialmente.

Es inaudito que Amlo no advierta el grave peligro de hacer tratos de esa envergadura con Estados Unidos.
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