×
Macario Schettino
Macario Schettino
ver +
Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Es profesor en la división de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey. Ha publicado 15 libros, el más reciente: "Cien años de Confusión. México en el siglo XX", con Taurus. Su columna consiste en análisis sencillos de fenómenos económicos y financieros.

" Comentar Imprimir
18 Junio 2009 03:35:52
Incapacidad
Aunque hay muchos datos nuevos en cuestión económica, vamos a seguir con esta pequeña serie acerca de las dificultades de México en el mediano plazo, porque, la verdad, es mucho más importante.

Sin embargo, este lunes en el blog Economía 2.0 le ofreceré una actualización de la recesión. Mientras, quisiera recordarle que el problema económico de México es de oferta, no de demanda.

Con esto quiero decir que no es que no compremos, sino que no producimos lo suficiente. Este punto de partida, así de sencillo como lo ve, no es generalmente aceptado. Para muchos, precisamente para quienes consideran que vivíamos mejor antes de 1982, como vimos hace un par de semanas, el problema de México es de demanda, es decir, piensan que nos falta capacidad de compra, y no de producción.

Esta diferencia es fundamental, porque de ella deriva toda la concepción de política económica. Si pensamos que la demanda es el problema, entonces la solución es “keynesiana”, en esa versión vulgar del trabajo del Lord británico: basta con que la gente tenga más dinero para que la economía funcione bien, y por lo tanto lo que debe hacer el gobierno es gastar, comprando bienes o contratando personas, por encima de sus ingresos. Al mantener un déficit, el gobierno le da más a la sociedad de lo que le quita vía impuestos, y esto provoca un exceso de demanda que, según esta lógica, promueve el crecimiento de la economía.

Sin embargo, esta idea es errónea al menos desde mediados de los sesenta, como también ya le he comentado. Desde entonces, el déficit del gobierno, pequeño o grande, ha provocado el crecimiento de la demanda, pero esto en lugar de promover el crecimiento económico lo que ha generado es un desbalance que se reflejó en alta inflación y en un elevado déficit en cuenta corriente. Me explico: si la demanda es mayor que la oferta de bienes, hay dos posibilidades, o suben de precio los bienes para que se equilibre el mercado, o conseguimos los bienes en otra economía, es decir, los importamos. El primer mecanismo es precisamente inflación, y el segundo es el déficit en cuenta corriente. Sufrimos un problema inflacionario mientras la economía estaba cerrada (hasta 1986-88) y después un problema de cuenta corriente (en 1995).

Nuestro problema no es que nos falte comprar, sino que nos falta producir, y por eso este tipo de políticas “keynesianas” sólo nos han generado más complicaciones. Para resolver los daños de esas políticas, se aplicó una medicina dura: buscar superávit en las cuentas del gobierno, que en un país que no paga impuestos, sólo puede lograrse con menor gasto. Pero como buena parte del gasto está capturada por distintos grupos que fueron obteniendo “victorias laborales”, lo que se redujo era lo que menos conflicto implicaba: infraestructura y, sobre todo, la calidad de los servicios prestados.

Para desgracia de todos, este fenómeno ocurrió precisamente cuando llegaba al máximo la burbuja poblacional, de forma que se redujo el gasto mientras había más necesidades, y el gasto por persona se desplomó, en seguridad, en educación, en salud, en lo que usted guste. Así, los excesos de los años setenta se convirtieron en la miseria de los ochenta. Y aunque después ya no hemos tenido grandes variaciones en este renglón, la pura crisis inflacionaria de 1995 provocó un serio incremento en pobreza.

Pero, reitero, el origen de estos problemas, y la falla de las medicinas tiene que ver con nuestra incapacidad para producir, no con un déficit de consumo. Los mexicanos compramos, y compramos mucho, ése no es el problema. Lo que pasa es que no producimos, ni suficiente, ni con la calidad adecuada. No es muy difícil demostrar esto, basta con ver cómo cada vez que hay un incremento en el ingreso de la población, las importaciones crecen a un ritmo tres veces mayor. Una parte creciente del gasto se destina a bienes hechos fuera de México, y en un mercado libre, esto significa que no estamos siendo competitivos, es decir, no producimos con la calidad y precio adecuados para ganar participación de mercado.

Como siempre, esto no es así para todos los bienes, sino que es la tendencia general. Hay algunas cosas que estamos haciendo bien, o incluso muy bien, y por eso hemos logrado incrementar nuestras exportaciones a un gran ritmo (aunque inferior al que han tenido las importaciones). Por ejemplo, somos buenísimos para producir frutas y verduras, y hemos incrementado significativamente nuestras participación en el mercado estadounidense en estos productos. Somos buenos para producir autos, y por eso se han instalado aquí muchas plantas de capital estadounidense, europeo y japonés. En este momento, esas plantas no están funcionando, pero es un asunto transitorio, y no tengo duda que para el próximo año estaremos creciendo de manera importante en la producción de automóviles. Y hay muchos otros ejemplos de que sí podemos tener éxito, pero no es la situación general.

Si hay ejemplos exitosos, pero no son generalizados, entonces debemos tener ciertos obstáculos que en los ejemplos mencionados no han sido tan graves, pero que sí lo son para la mayoría de las actividades económicas. Esos obstáculos que nos impiden producir son, en el fondo, los culpables del mal desempeño económico de México durante el siglo pasado y, por lo tanto, de que muchos mexicanos sigan viviendo en situación miserable. Dicho al revés, si lo que nos interesa es reducir la pobreza y crecer, entonces hay que encontrar esos obstáculos y eliminarlos.

Si usted está pensando que no puede ser tan sencillo el asunto, tiene razón. Veremos los obstáculos en la próxima colaboración, y entonces se dará usted cuenta de por qué no han podido eliminarse. Es más, por qué a veces ni siquiera se perciben. No hay que inventar el hilo negro para que México sea exitoso, pero tampoco se puede hacer caso omiso de doscientos años de teoría económica y de cien años de evidencia concreta. No es regalando dinero como los países crecen, es produciendo bien. Y para producir bien, sólo necesitamos encontrar lo que nos falla, y proponernos corregirlo.
Imprimir
COMENTARIOS



0 1 2 3 4 5