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Macario Schettino
Macario Schettino
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Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Es profesor en la división de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey. Ha publicado 15 libros, el más reciente: "Cien años de Confusión. México en el siglo XX", con Taurus. Su columna consiste en análisis sencillos de fenómenos económicos y financieros.

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15 Octubre 2010 03:58:24
Incapaz de decidir
Las reformas necesarias para transformar a México en una economía muy exitosa son muy claras. Es necesario terminar con los privilegios que impiden el uso adecuado de los recursos con que contamos. Pero esos privilegios los tienen grupos que los recibieron a cambio de sostener al régimen autoritario que nos gobernó durante el siglo XX, y no están dispuestos a soltarlos así nada más.

El único que puede terminar con esos privilegios es el mismo que los otorgó: el Estado. Sin embargo, el Estado actual no es el mismo de antes. En tiempos del régimen de la Revolución era monolítico, centrado en la figura presidencial, y estructurado mediante corporaciones. Hoy no existe la concentración de poder, ni en una persona, ni en un grupo, de forma que el Estado no tiene la fuerza para imponer cambios a los grupos privilegiados.

Para lograrlo, sería necesario que ese Estado concentrara el poder mediante la negociación entre los grupos que hoy lo tienen distribuido: el Presidente, el Congreso, los gobernadores. Esto, sin embargo, ha sido imposible desde 1997, es decir, desde que el poder se dispersó.

En grandes números, el PRI es el factor más importante en este poder distribuido. Tienen un poco más de la mitad de las gubernaturas, y así ha sido en todo el periodo de dispersión. Han mantenido, también desde entonces, cerca de 40% de las curules del Congreso, y han bloqueado las reformas que podrían liberar las fuerzas de la sociedad, fortaleciendo a los grupos privilegiados. Esto requiere una explicación.

La evidencia de que las reformas son no sólo necesarias, sino urgentes, es abrumadora. El impulso que nos dio el TLCAN, y que nos ha permitido sobrevivir, se terminó a mediados del gobierno de Fox. Desde entonces, estamos estancados mientras el resto del mundo avanza. En términos relativos, nos rezagamos, y muy rápido. Si sumamos a ello que el gran proveedor de recursos, el petróleo, difícilmente aportará dentro de un par de años, la situación es grave. Sólo quienes ven el mundo a través de creencias no perciben esta situación.

Si es claro que requerimos modificar a fondo la cuestión fiscal, laboral, energética, de competencia, educativa, la pregunta entonces es por qué el PRI se ha opuesto a ello. Sin duda entienden la urgencia, así que hay algo más que los detiene. Imagino tres hipótesis.

Primera: reformar hoy implicaría un costo político para el PRI y una victoria para el Presidente, que podría trasladar, al menos en parte, al PAN, poniendo en riesgo el regreso del PRI a Los Pinos. Segunda: como se acostumbra en política, si no hay necesidad de decidir, hay que posponer. El PRI no sabe qué puede impulsar y qué no, de forma que deja todo para después de 2012, cuando espera estar en Los Pinos, y entonces priorizar. Tercera: reformar implica romper con los grupos creados desde el régimen de la Revolución, matriz del PRI mismo, de forma que sería un suicidio.

La primera hipótesis implica que después de 2012 tendríamos reformas en México, ganase o no el PRI la Presidencia, puesto que aun perdiendo ya no tendría sentido oponerse. La segunda es parecida, pero con la desventaja de no saber cuáles reformas podrían impulsarse. La tercera es el intento de restauración autoritaria que tanto preocupa.

Tengo la impresión de que al interior del PRI, estas tres hipótesis son una realidad. Hay, detrás de ellas, grupos políticos enteros. Puesto que la segunda hipótesis no es otra cosa que una indecisión entre la primera y la tercera, esto implica que el PRI está dividido en dos grandes grupos: el que quiere reformar y el que quiere regresar. Sin ser un espejo, la división entre senadores y diputados coincide a grandes rasgos con estas hipótesis. Y porque así ha sido la historia reciente, cada hipótesis no sólo tiene su fracción parlamentaria, sino su candidato.

En otras ocasiones hemos descrito a la sociedad entera, decidiendo entre estas dos opciones: cambiar o regresar. Quienes están convencidos de que en el siglo XX fuimos un fracaso, quieren terminar con lo que nos llevó hacia allá: los privilegios de los grupos. Quienes están convencidos de que ese camino, el nacionalismo revolucionario, sigue vigente y es correcto, quieren terminar con los muy pequeños cambios que ellos llaman “neoliberales”.

Ya vivimos este enfrentamiento en 2006, pero no logramos que ahí terminara. Lo vamos a tener que resolver en 2012, porque el partido político más grande ha resultado incapaz de decidir qué quiere. Tal vez porque no es, ni nunca fue, un partido político.

http://www.macario.com.mx Twitter: @mschetti

Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
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