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JC Mena Suárez
JC Mena Suárez
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20 Junio 2019 04:03:00
Industrializado
Cuando usted y yo caminamos por los pasillos de un supermercado no tenemos idea de que transitamos a través de una jungla llena de riesgos que pueden causar la muerte.

Conducimos el carrito de la tienda y vamos anaquel tras anaquel sabiendo o no que en cada producto puesto para la despensa llevamos riesgos de salud a la casa, para la familia y nosotros mismos.

Son los peligros de la industrialización: sí, cada alimento procesado representa un grado de riesgo para la salud, por los componentes químicos contenidos en cada uno de ellos.

Las diferentes sustancias que tienen los alimentos los potencian como un factor de riesgo para la salud y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) ve riesgos para el ser humano.

Algunas de las enfermedades que advierte la FAO podrían derivarse de la mala alimentación y la industrialización de los alimentos son padecimientos cardiaco arterioescleróticos, hipertensión o presión arterial elevada, diabetes mellitus, cáncer y osteoporosis, por citar solo algunas. Por ejemplo, las grasas trans están en cientos de alimentos procesados como las galletas, los empanizados, los congelados y sus efectos potenciales son enfermedades cardiacas, diabetes y cáncer.

Sabores artificiales se encuentran en todos los dulces, refrescos carbonatados, galletas y alimentos preparados. Existen más de 100 aditivos químicos diferentes en este grupo que tiene como objetivo “dar un sabor más real” a la comida.

Los principales efectos potenciales son las alergias y una de las reacciones en el comportamiento puede ser la hiperactividad.

El glutamato monosódico, también conocido como glutamato de sodio (MSG, por sus siglas en inglés), está presente en decenas de comidas saladas -como las papas fritas o los empanizados- porque es lo que se usa en vez de la sal común (cloruro de sodio).

Los efectos potenciales son dolor de pecho, palpitaciones en el corazón, dolor de cabeza, sobreestimulación del gusto (que nos genera sensación de querer comer más), no sentir otros sabores o también añadir cada vez más sal a las comidas.

De este modo, en los últimos tiempos, enfermedades que eran consideradas de gente adinerada y mayor, ahora afectan a jóvenes con enfermedades como la diabetes.

La alimentación natural se ha perdido y por ejemplo está el arroz blanco, que no se cultiva como arroz blanco sino como arroz integral, pero se le quita la cáscara que tiene los nutrientes y vitaminas. También al trigo se le quitó la cáscara donde iban los nutrientes, como el salvado, y se lo dieron al ganado, por lo cual quedó la harina blanca.

En el pasado traían el trigo, lo lavaban y lo ponían a secar al sol y de allí al molino, esa era la harina integral. A la papa se le quita la cáscara y se convierte en puré y a la manzana también le quitan la cáscara. En los años 70 me tocó ver en una exhibición de maquinaria un equipo con un sensor y una navaja que despojaba a la manzana de su cáscara. Y así muchos ejemplos.

¿Por qué no volver a comer los alimentos completos, el arroz y el trigo, la papa con su cáscara, volver a lo básico? La mayoría prefiere los alimentos industrializados con aditivos, colorantes y conservadores, tal vez sea la razón por la que estamos tan enfermos.
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