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Macario Schettino
Macario Schettino
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Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Es profesor en la división de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey. Ha publicado 15 libros, el más reciente: "Cien años de Confusión. México en el siglo XX", con Taurus. Su columna consiste en análisis sencillos de fenómenos económicos y financieros.

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23 Abril 2010 03:59:32
Instituciones y mayorías
Al leer, el martes pasado, un muy buen artículo de María Amparo Casar en el que realiza una comparación bastante concluyente acerca de la formación de mayorías y la construcción de acuerdos, pensé que puede ser interesante ofrecer algo de lo que sabemos con respecto al impacto de las instituciones en el desempeño de las sociedades.

Sabemos que la decisión entre sistema presidencial y parlamentario tiene un impacto en el tamaño del gobierno: más grande y con más impuestos en este último. Algo parecido ocurre entre mayoría y representación proporcional, esta segunda forma de elegir parece promover mayores gobiernos con más impuestos. Parece haber más gobernabilidad en los regímenes parlamentarios, con mayor número de partidos, pero ciertamente los sistemas de mayoría no necesariamente llevan a bipartidismo. Los sistemas de mayoría promedian un menor déficit, pero también un menor gasto social (Persson y Tabellini).

Estos impactos derivados del tipo de sistema de gobierno, como puede verse, son interesantes, pero poco relevantes para la mayoría de la población. No podemos, por ejemplo, encontrar una clara relación entre sistema de gobierno y crecimiento de la economía, pero sí tenemos evidencia, más o menos fuerte, de que algunas instituciones han sido determinantes en el desempeño de largo plazo de las economías. Posiblemente el elemento más importante tiene que ver con educación. Los países que tenían un porcentaje relevante de alfabetismo a inicios del siglo XIX son hoy todos desarrollados. Hoy, que podemos medir muchas más cosas, sabemos que hay una clara relación entre habilidades cognitivas y crecimiento de la economía. Hanushek y Woessman sostienen que es precisamente la falta de habilidades cognitivas en América Latina la gran explicación de nuestro fracaso económico.

Otra institución de gran importancia, que permite identificar las naciones que se han convertido en democracias, es la amplitud del voto. Las naciones que más rápidamente ampliaron el derecho a votar a inicios del siglo XIX son democracias hoy en día. Todavía más atrás, puede encontrarse una fuerte relación entre el tipo de estructura económica establecida entre el siglo XVI y el XIX y la situación actual, tanto en términos de democracia como de desempeño económico. Los lugares que fueron plantaciones, es decir, estructuras profundamente verticales dependientes de la esclavitud o servidumbre, no pueden aún convertirse en democracias, ni pueden tener un buen desempeño económico, sin importar si fueron colonias inglesas, francesas, holandesas, españolas o feudos eslavos (Engermann y Sokoloff).

Las instituciones (reglas) que tienen un impacto sobre el desempeño económico, sin embargo, tienen también impacto político: quienes se benefician de un cierto arreglo no desean que éste cambie, y aun cuando el centro de gravedad de la política se orientase a las reformas, hay la necesidad de acordar con quienes perderán, estableciendo compromisos metalegales para garantizar que el cambio sea pacífico (Acemoglu y Robinson).

En suma, las reformas que pueden tener un impacto relevante en la vida diaria de los mexicanos, como la de Competencia Económica y la Laboral, no pueden aprobarse porque el equilibrio político no está a su favor (¿por qué el PRI reformaría el sistema que creó?). Sin embargo, este equilibrio no va a modificarse mediante una reforma política. Sin importar el tipo de sistema, la distribución de poder político actual sería más o menos igual, y lo mismo los actores, por lo que el impacto de la reforma política en el desempeño de la sociedad sería prácticamente nulo.

El problema de fondo del país es que tenemos una sociedad estratificada con base en privilegios económicos y sociales de diversos grupos que no están dispuestos a prescindir de ellos. Esos privilegios implican una extracción de recursos al resto de la sociedad. Por eso la persistencia de la mala distribución del ingreso. Por otra parte, el carácter estratificado de la sociedad implica que ésta no es meritocrática, es decir, que en México no importa mucho lo que una persona haga o lo que sepa, importa su origen social, o en último caso sus logros, así hayan sido ilegales (producto de la corrupción o el crimen). Por eso el sistema educativo no tiene solución.

Una sociedad anacrónica como ésta no dará lugar ni a democracia ni a crecimiento económico. Por eso nos atoramos en ambas cosas. Las reformas que ayuden a cambiar esa sociedad son las importantes. Lo demás se ajustará solo.

http://www.macario.com.mxtwitter: @mschetti

Profesor de Humanidades ITESM-CCM
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