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Columnista Político

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28 Noviembre 2010 04:55:50
Intolerancia total
Durante la semana, dos de los miembros más destacados del Partido Acción Nacional en Coahuila no pudieron ocultar la intolerancia que los caracteriza y de la que no se han querido separar a lo largo de su carrera en el servicio público.

Ambos fueron alcaldes de Torreón, y a todo momento han defendido las causas de la derecha reaccionaria; además, su relación de amistad es tan estrecha con el Presidente de México, Felipe Calderón Hinojosa, que a uno lo nombró embajador en España y al otro lo hizo su compadre y le dio la “patadita” de la suerte frente para las elecciones estatales que están en puerta y en las que pretenderá convertirse en gobernador de Coahuila.

Se trata de Jorge Zermeño Infante y de su principal hechura en la política, el senador José Guillermo Anaya Llamas; en la semana que terminó los dos reflejaron su intolerancia a la crítica y al disenso de ideas y opiniones, y en diferentes foros la arremetieron en contra de la libertad de expresión.

Ambos casos desvelan una vez más la postura de quienes gobiernan este país; lo peor del caso para el PAN y para su gobierno, es que mientras el presidente Felipe Calderón está empeñado en que se hable bien de México en el exterior, la intransigencia de Zermeño y Anaya trajeron como consecuencia un efecto contrario.


PRIMERA LLAMADA… PRIMERA…

El nombre de Jorge Zermeño Infante puede resultar intrascendente para muchos coahuilenses, pero vale la pena recordar que el defeño avecindado en Torreón desde hace décadas fue alcalde de la Perla de la Laguna, y en el 2005 disputó al priísta Humberto Moreira Valdés la Gubernatura del estado.

El 28 de junio de 1999, como presidente municipal, Zermeño creó el Reglamento de Salud y Asistencia Social, que no fue otra cosa más que un amparo para que policías e inspectores sanitarios del Ayuntamiento emprendieran redadas para detener a los integrantes de la comunidad homosexual.

El Artículo 75 del ordenamiento local facultaba a la fuerza pública para detener y llevar a la cárcel a todo varón que fuera sorprendido en la vía pública “vestido y/o maquillado como mujer”, pero la presión de la sociedad y de organizaciones civiles defensoras de los derechos de las minorías impidieron que la medida se pusiera en práctica, terminando así con la polémica y dejando trunco uno de los principales objetivos de gobierno trazados por el entonces presidente municipal.

Como candidato a la gubernatura, Zermeño se convirtió en sinónimo del fracaso, pues junto a su partido consiguió 288 mil 630 votos que le significaron el 33.73% de la votación total. Frente a esto, el abanderado del PRI y ahora gobernador sumó 488 mil 348 sufragios, con lo que alcanzó el 57.06% del total.

Al año siguiente no se quiso arriesgar a la derrota en una nueva contienda electoral y se convirtió en diputado federal de representación proporcional.

Como presidente de la Cámara Baja del Congreso de la Unión, la tarea más trascendente para Zermeño fue tomar protesta como presidente de México a Felipe Calderón, y cumplida su encomienda fue enviado a la Embajada de España, donde las páginas de sociales de revistas del corazón han dado cuenta de las pomposas fiestas que ofrece en su residencia donde vive junto a la conductora de televisión Astrid Casale.

SEGUNDA LLAMADA… SEGUNDA…

En su edición del jueves 25, “La Jornada” tituló en su primera plana: “Rabieta del embajador Zermeño en acto en España”, en cuya nota informativa el corresponsal en aquella ciudad de Europa, Armando G. Tejeda, narró los desplantes del panista tras atestiguar las críticas que dos periodistas originarias de Ciudad Juárez, Chihuahua, hicieron a la política anticrimen del Gobierno mexicano.

Las reporteras Luz Sosa y Sandra Rodríguez fueron premiadas por el periódico español “El Mundo”, quien las reconoció por ejercer el periodismo “en una de las ciudades más violentas del mundo”. Al emitir un mensaje, Sosa dibujó el panorama de riesgo y hostigamiento a los periodistas mexicanos dentro de la guerra sin cuartel que encabeza Felipe Calderón.

Tras su discurso, la reportera fue reprimida por el embajador, quien junto al Alcalde de Madrid fue invitado al evento por los directivos de “El Mundo”. Zermeño le reprochó el mensaje, la acusó de mentir respecto a que en este país sean sistemáticas las violaciones a la libertad de expresión y también en torno a que en México se ejerza con peligro el oficio periodístico.

La comunicadora ratificó lo dicho y le aseguró que el responsable de la violencia en su municipio se llama Felipe Calderón.

“Después de esa escaramuza verbal, el embajador mexicano abandonó la ceremonia visiblemente indignado y de forma apresurada, mientras le acompañaba atónito el Alcalde de la capital española y la observaba con perplejidad el resto de los asistentes”, contó la publicación.

TERCERA LLAMADA… PRINCIPIAMOS…

En el 2003, días después de asumir como presidente municipal de Torreón, Guillermo Anaya puso en marcha la maquinaria legal que su padrino político diseñó y no pudo implementar debido a la presión y a la crítica social.

Sin más argumento que el del “mal aspecto” que los homosexuales daban al resto de la población, y con la justificación de erradicar la prostitución varonil de las calles de Torreón, Anaya Llamas puso en marcha el decreto creado cuatro años antes por Zermeño, y en cuestión de horas unos 50 varones ingresaron a la cárcel municipal acusados de alterar el orden público por su manera de vestir.

El criterio empleado por el entonces alcalde para aplicar los arrestos fue tan simple como absurdo y homófobo: las fuerzas del orden debían detener a los sospechosos de prostitución sólo por tener aspecto de homosexual.

“El que parece es”, dijo Anaya en conferencia de prensa al anunciar la ola de arrestos que se avecinaban en contra de la comunidad homosexual.

Pero ese no es el único caso de intolerancia adoptado por el senador, quien está resuelto a disputar la Gubernatura de Coahuila en los comicios del 3 de julio del próximo año.

En el 2007 el legislador presentó una denuncia por daño moral en contra del periodista Arturo Rodríguez García, reportero de la revista “Proceso”, a quien Anaya atribuye la autoría de un artículo donde se le vincula con un integrante del crimen organizado.

Rodríguez originalmente ganó el pleito en los tribunales estatales, pero hace algunas semanas, cuando Anaya llevó el caso a una corte federal, con inusual rapidez se deliberó el caso con fallo a favor del legislador, quien reclama al periodista una indemnización por 6 millones de pesos.

“Ni siquiera sé quién es el juez”, reviró Anaya en un intento por asegurar que la resolución judicial a su favor no está relacionada ni con el fuero constitucional y el peso político que le significa ser senador de la República y compadre del presidente Felipe Calderón.

Está claro que al presentar la denuncia el panista optó por ir en contra de lo más delgado de la línea, en este caso el reportero, pues desmarcó a la revista de cualquier responsabilidad, sabiendo que al pelearse con el medio se le restarían activos y sería más complicado obtener un dictamen judicial a su favor.

Guillermo Anaya está a punto de iniciar de manera oficial su campaña por la Gubernatura, pero lo hará con el estigma de la intolerancia hacia la crítica y de la fobia a los homosexuales.
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