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22 Diciembre 2019 04:07:00
Israel
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Por: Jorge Volpi

Si por algo debería ser recordado Genaro García Luna es por haber sido el principal artífice de la guerra contra el narco, la cual al día de hoy se ha cobrado un cuarto de millón de muertes. Pero, más allá del inmenso daño que le hizo a México, la figura que hoy le sirve de espejo es la de ese hombre al que él persiguió con saña y que desde hace 14 años se encuentra preso sin siquiera haber sido sentenciado: Israel Vallarta Cisneros.

Los dos, el antiguo secretario de Seguridad Pública y el supuesto secuestrador, enfrentan hoy procesos judiciales en circunstancias que no podrían ser más distintas: mientras García Luna goza de todas las prerrogativas de un sistema de justicia eficaz, empezando con la presunción de inocencia, Vallarta, a quien debería aplicársele ese mismo precepto, continúa en un proceso viciado de origen.

Cualquiera que se demore en revisar su expediente –lo hemos hecho en distintos momentos Héctor de Mauleón, Anne Vigna, Emmanuelle Steels, Léonore Mahieux o José Reveles– detectará el cúmulo inaudito de atropellos en su contra.

Para empezar, fue detenido la mañana del 8 de diciembre de 2005 y no fue presentado ante una autoridad judicial hasta el día siguiente, horas después de protagonizar el montaje preparado por García Luna en complicidad con Televisa y TV Azteca: este solo hecho bastaría para liberarlo.

Más de 20 horas que Vallarta pasó incomunicado, sin defensa posible, torturado salvajemente para incriminarse por los secuestros de Ezequiel Elizalde –una víctima que acaso fuese un victimario–, Cristina Ríos y su hijo.

Después de eso, fue obligado a participar en esa representación preparada por Luis Cárdenas Palomino –quien lo torturó en vivo esa madrugada: cualquiera puede verlo–: eso que llamamos montaje, que no fue sino la grotesca puesta en escena de una captura y una liberación que jamás ocurrieron de ese modo.

Si hoy pensamos que la transmisión de Carlos Loret y de Sergio Vicke fue eso, un montaje, se debió a una mentira adicional de García Luna para eludir el fantasma de las largas horas en que Vallarta fue torturado y secuestrado por la autoridad.

Todos estos hechos, acaso los más escandalosos del caso, no son los más desasosegantes en su proceso. Si Vallarta fue detenido, se debió a una chapucera investigación policiaca que se empeñó en ligarlo con el secuestro de Valeria Cheja para cumplir una venganza privada. Ella hoy lo reconoce como su secuestrador, pero solo después de que la Policía le mostrara una foto con su rostro y luego de que ella –como las demás víctimas del caso– lo reconocieran en una amañada cámara de Gesell en la que no había otra persona que él mismo.

Además, a la Policía jamás le importó seguir las demás pistas señaladas por las víctimas que iban en otras direcciones y nunca persiguieron ni detuvieron a sus supuestos cómplices, con los que ninguna prueba los liga. Permanece acusado de crimen organizado sin tener ningún cómplice.

Una vez que el caso se politizó por la intervención de Nicolas Sarkozy, el destino de Vallarta fue aún peor: obsesionado por no liberar a Florence Cassez, García Luna propició la siguiente cadena de montajes para demostrar la culpabilidad de la francesa: inventó la banda del Zodiaco, comprometió en ella a cinco de sus parientes, torturándolos con la misma sevicia que a él –dos de ellos continúan presos, los otros tres fueron declarados inocentes– y se valió de nuevo de todos los medios –y de los medios– para presentarlos como criminales ante esa opinión pública que hoy aún duda de su inocencia.

¿Inocente o culpable? Nada en un expediente plagado de irregularidades lo vincula de manera directa a los secuestros fuera de las declaraciones siempre cambiantes de las víctimas, las cuales no lo reconocieron sino hasta varios días después, tras ser manipuladas por la policía.

Pero, más allá de lo que se piense sobre su participación en los secuestros, a mí no me quedan dudas de que debe ser liberado aplicándole el mismo principio que permitió salir de la cárcel a Florence. Hoy que tanto el Presidente como la secretaria de Gobernación se han interesado por su caso –que en una nuez revela todos los vicios de nuestro sistema– la única salida justa sería que tanto Israel como su hermano y su sobrino queden libres cuanto antes.
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