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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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06 Enero 2019 04:08:00
Izquierdas vs izquierdas
El estrepitoso rompimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional con el presidente Andrés Manuel López Obrador manifestó una debilidad congénita de la izquierda mexicana: su incapacidad para mantenerse unida. Sólo repite la historia de enfrentamientos intestinos en esa corriente política. Desde los tiempos del Partido Comunista, las “purgas” de miembros han sido una constante. Víctima de esas depuraciones fue uno de los prohombres del comunismo en nuestro país, el pintor Diego Rivera. En 1929 lo expulsaron del partido acusándolo de trabajar para el Gobierno, considerado un órgano proimperialista y anticomunista.

Aunque el distanciamiento del EZLN y López Obrador no es reciente, es ahora cuando el subcomandante Marcos enfrenta de manera abierta al Presidente. Desde 2003 había marcado distancia al acusarlo de utilizar el puesto de Jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal como “trampolín político para la silla presidencial”. Años después, durante la campaña preelectoral, los zapatistas anunciaron que no se sumarían a la del candidato de Morena.

El subcomandante Marcos, hoy Galeano, eligió una fecha doblemente emblemática para hacer el belicoso pronunciamiento contra López Obrador: el 25 aniversario del levantamiento chiapaneco y el arranque del año en el que el Gobierno federal se apresta a conmemorar por todo lo alto el centenario del asesinato de Emiliano Zapata.

Marcos se lanzó contra dos proyectos icónicos del actual Gobierno: el Tren Maya y la plantación intensiva de árboles frutales y árboles maderables. Si bien consideró ambos proyectos una indeseada intrusión en “su territorio”, descalificando de antemano la consulta con la que el Ejecutivo federal pretende el aval popular para llevarlos a cabo, en realidad los ataques apuntan directamente a la persona de López Obrador, a quien llamó, entre varias cosas, loco y mañoso.

En otras palabras, en el fondo del pleito hay cuestiones ideológicas. De nueva cuenta, el tema son las viejas pugnas intestinas de la izquierda nacional. Diego Rivera fue expulsado por su vacilante estalinismo. Hoy, 90 años después, al radicalismo del Ejército Zapatista no le convence la moderación gubernamental. El pretexto ya no es José Stalin sino en qué punto del cuadrante ideológico se coloca el izquierdismo de unos y de otros. Desde la visión de los guerrilleros chiapanecos, el Presidente resulta excesivamente fifí, para usar la clasificación lópezobradorista.

A poco más de un mes de haber asumido el poder, el presidente López Obrador encara el que se perfila ya como uno de los más grandes retos de su Gobierno. El EZLN le abrió un frente no previsto. El fuego esperado partiría de la derecha, del conservadurismo, para seguir con el lenguaje puesto de moda en las altas esferas políticas. Era lo lógico. Sin embargo, es desde el otro extremo, la izquierda radical, de donde disparan los torpedos, hasta hoy retóricos.

Los críticos del Presidente han insistido en la inviabilidad del Tren Maya, al que algunos consideran encarrilado directamente al fracaso. Quienes así piensan escriben desde sus oficinas y bibliotecas de la Ciudad de México y otras urbes. Tales argumentos resultaban previsibles. Pero con el discurso del EZLN, el repudio al proyecto se incuba en uno de los sectores que eventualmente saldrían beneficiados y, además, de un grupo que, al menos en teoría, enarbola la misma bandera ideológica que el Gobierno. ¡Vaya problema!

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