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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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06 Octubre 2019 04:05:00
jMerecida alegría
Ridícula pero necesaria nota autobiográfica, tan ridícula como todas las de este tipo y el exceso del uso de la primera persona del singular en textos periodísticos.

Residí en Monclova 10 años, donde me desempeñé como periodista. Esto ha sido causa de confusiones para buen número de personas, incluyendo a los autores de un diccionario biográfico de Coahuila, quienes en la ficha correspondiente señalan erróneamente a esa ciudad como lugar de mi nacimiento. En el diccionario de mi amigo Arturo Berrueto González y en el compuesto por mi compadre el profesor José María Suárez Sánchez, el dato es correcto: nací en Saltillo. Sin embargo, por muchas y siempre bien recordadas razones, me considero monclovense por adopción, aunque hasta ahora hayan resultado infructuosas mis gestiones de ser nombrado cónsul honorario de Monclova y Castaños en Saltillo.

El aparecer en un diccionario como originario de la Capital del Acero y lo aquerenciado que sigo con esa ciudad, me da derecho a alegrarme como el que más por el campeonato de los Acereros, y también de entrometerme en información correspondiente a la sección de deportes.

Hecha la debida aclaración, prosigamos:

Después de sufrir una larga temporada como fuente proveedora de noticias negativas, los Acereros de Monclova brindaron un ya urgente motivo de júbilo a los monclovenses al conquistar el miércoles por la noche el campeonato de la Liga Mexicana de Beisbol. Fundados hace ya 45 años, los Acereros nunca habían logrado coronarse. Esta vez lo hicieron tras sufrida y agotadora campaña de postemporada de 21 juegos en los que dejaron tendidos en el camino a los tres últimos campeones de la Liga: Sultanes de Monterrey, Toros de Tijuana y la novena yucateca.

El equipo, el único profesional de la ciudad, nació con el sobrenombre de Mineros y jugaba en dos sedes –Monclova y Sabinas–. Cuenta con una fiel y ruidosa fanaticada que lo respalda en las buenas y en las malas. En 45 temporadas han sido muchísimas más las malas (44) y solo una buena, pero muy buena.

Ciudad adicta al beisbol, el anhelo cumplido el miércoles por la noche es más antiguo que 45 años. Desde la instalación de Altos Hornos de México en 1942, motor de la economía regional, el fundador de la acería, Harold R. Pape, dio especial impulso a la práctica de ese deporte. Construyó un parque, después sustituido por otro que diseñó su padre, quien a eso se dedicaba.

El papá del señor Pape era un viejecito muy simpático. Con una pequeña maqueta calculaba la mejor orientación del nuevo estadio, a fin de aprovechar al máximo la sombra protectora del sol monclovense, el cual suele ser furioso.

Don Salvador Benavides, abuelo de Gerardo Benavides Pape, propietario de los Acereros, era quien se dedicaba entonces a promover el beisbol entre los trabajadores de Altos Hornos. Gerardo, también timonel del Grupo Industrial Monclova, heredó la pasión por el Rey de los Deportes y ha hecho hasta lo imposible por armar una escuadra capaz de enfrentarse al tú por tú con cualquier equipo mexicano. Es justo reconocerle el esfuerzo.

Monclova está de fiesta. La compartimos quienes en distintos puntos geográficos del planeta debemos gratitud a esa hospitalaria ciudad.

LETRAS SUELTAS

La calidad humana de los monclovenses se manifestó una vez más cuando, ya ganada la corona, los asistentes al estadio empezaron a corear el grito de “¡Yucatán, Yucatán!” en honor de los contrincantes.
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