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Dan T
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20 Septiembre 2018 04:09:00
¡Joder, Belinda!
Pues con la novedad de que la cantante Belinda no es mexicana, sino española. Y aunque eso podría ser suficiente castigo, en realidad lo peor no es eso, sino que al apoyar a Andrés Manuel López Obrador en la campaña ¡Belinda violó la ley!

Y no lo estoy inventando yo, no vayas a creer: se trata de una resolución del mismísimo Tribunal Electoral. Originalmente, la denuncia la presentaron unos perredistas porque se utilizó electoralmente unos apoyos a damnificados del sismo. En ese asunto participó la cantante al lado de candidatos de Morena.

Cuando los magistrados se pusieron a revisar los hechos, descubrieron que Belinda –¡jolines!– en realidad tiene la nacionalidad española y vive en México, pero como extranjera. Y tooodos sabemos que los extranjeros tienen prohibido meterse en los asuntos políticos de los mexicanos.

Así que al andar apoyando públicamente a AMLO, Belinda se metió en una bronca más grande que cualquiera de las telenovelas en las que ha salido.

El hecho de que Belinda sea española no la exculpa de otro delito gravísimo: haber cantado la canción del El Baile del Sapito. Los magistrados del Tribunal Electoral ordenaron que la Secretaría de Gobernación tome las medidas “pertinentes” en contra de la cantante por haber violado la ley.

Si me permiten, yo podría sugerir algunos castigos para esta delincuente electoral: que la casen con Gerardo Fernández Noroña, o que la obliguen a escuchar un discurso completo de Martí Batres, o que le enseñe a hacer corazones con las manos a Enrique Peña, o que le encomienden explicarle a AMLO la diferencia entre crisis y bancarrota. Si yo fuera, preferiría irme a la cárcel.

¿Cómo dice que dijo?

El otro día el viejito chulo se puso como loco (más) sólo porque varios grupos empresariales salieron a decirle que estaba confundiendo la magnesia con la ortodoncia. Resulta que AMLO dijo que no iba a poder cumplir todos sus compromisos, porque el país según él, está en bancarrota.

Apenas lo dijo, todos salieron a responderle que se comiera su cocol, pues México en realidad está en crisis pero no está quebrado. Tan es así que sigue pagando sus deudas, no debe una sola quincena a los burócratas y las inversiones siguen llegando al país.

Obviamente al nuestro santísimo señor de Macuspana no le gustó nadita que le llevaran la contraria. Dijo que lo habían mal interpretado, que lo que en realidad quiso decir fue que el país arrastra desde hace años una crisis no sólo económica, sino de inseguridad, de corrupción, de atraso y de pobreza, que lastima a toda la gente. Y así sí, tiene toda la razón.

El problema es que López Obrador quería decir una cosa, pero dijo otra. ¡Y luego nos echa la culpa!

AMLO está como aquel tipo que iba en su coche, estaba perdido, se acercó a la esquina, bajó la ventanilla y le preguntó a un tipo que estaba esperando el autobús:

–Disculpe, ¿podría usted ayudarme? He quedado a las 2 de la tarde comer con un amigo, pero llevo media hora de retraso y no sé dónde estoy.

–Claro que sí –le dijo el de la banqueta– se encuentra usted en un coche azul, a unos 7 kilómetros del centro de la ciudad, a cuatro cuadras de un mercado público y hoy no se esperan lluvias.

–Oiga, usted es ingeniero, ¿verdad? –le dijo el del coche.

–Sí, claro, ¿cómo lo adivinó?

–Muy fácil: porque todo lo que me ha dicho es “técnicamente correcto”, pero “prácticamente inútil”, pues sigo perdido, llegaré tarde y la información que usted me dio no me sirve para nada.

–Oiga, y usted es Andrés Manuel López Obrador, ¿verdad?

–¡Ah, caray! ¿Cómo lo supo?

–Pues porque no sabe dónde está, ni hacia dónde se dirige, ha hecho una promesa que no puede cumplir y espera que otro le resuelva el problema. De hecho, está usted exactamente en la misma situación que estaba antes de preguntarme, pero ahora, por alguna extraña razón, ¡el pendejo soy yo!
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