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Germán Martínez Cázares
Germán Martínez Cázares
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11 Noviembre 2008 04:55:53
Juan Camilo
En Campeche era Iván y en el PAN era Juan Camilo. Era de esos ciudadanos generosos que, teniendo su vida resuelta, se dedican a la vocación pública. Podría haber llevado, sin problemas, una vida de placer.

No era un panista que recitaba la doctrina panista, sino que más bien la sentía; y además, la sabía expresar en políticas públicas concretas.

Juan Camilo era de esa nueva generación de políticos técnicamente solventes y preparados para construir argumentos, con cifras, datos y rigor científico. Entendía los problemas y les encontraba una solución precisamente técnica, no ideológica; por eso buscaban lastimarlo, justamente, los que creen que la ideología es dogma de fe que no puede ser confrontado con el argumento del adversario.

Era un panista técnico, igual que varios de los técnicos en economía y en derecho que un día siguieron a Gómez Morín para fundar al Partido Acción Nacional.

Si la calumnia no le gana la carrera a la razón, propios y extraños deberán reconocer, tarde o temprano, a un político que se preparaba para dialogar, que tenía un intenso diálogo con todas las fuerzas políticas. Que sabía cumplir lo que acordaba. Y que ponía por delante el interés nacional.

En particular la reforma a Pemex demostró la eficacia política de Juan Camilo. Cada paso en el Congreso, cada votación la seguía con una dedicación puntual y un trabajo a conciencia y a detalle.

Era un político triunfador, por eso generaba envidias y rencores, tenía hambre de triunfo. No era de los políticos que creen que la política sólo es testimonio.

Muchos de sus pasos estaban guiados, sin complejos, desde la ética de la victoria. Por eso fue el arquitecto del triunfo del presidente Felipe Calderón.

Sabía que el gobierno es la enorme ocasión de hacer realidad las ideas políticas. En ese sentido era un político y un panista pragmático, como lo calificó el presidente Calderón. Es decir, un político que actuaba en la práctica, en la realidad cotidiana, precisamente para modificar esa realidad.

Se le criticó y eso no le espantaba. La crítica es parte de la esencia del servicio público y de la democracia misma. Pero con injusticia se le insultó. Se le pretendió denostar, entre otras cosas, por ser hijo de padre español y eso demostró la vileza y el falso nacionalismo de sus adversarios.

Además, por qué no decirlo, Juan Camilo era buen amigo con sus amigos. En la política muchas veces se simulan afectos y Juan Camilo no simuló amistades. Maximiliano Cortázar, Jordi Herrera, Abraham Cherem pueden dar testimonio del afecto de Juan Camilo.

En todos los sepelios se oye aquello de que “era un buen hombre”. En esta ocasión es absolutamente cierto: Juan Camilo realmente era un hombre bueno.

***

Fernando Gómez Mont es un hombre de leyes. Sabe cómo hacer leyes, conoce el diálogo parlamentario y sabe cómo hacerlas cumplir, puesto que se desempeñó como abogado. Igual que con Juan Camilo, creo que empezarán los insultos por envidias a un abogado de excepción, a un abogado de éxito rotundo en el ejercicio de su profesión.

Presidente nacional del PAN
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