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Redacción
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16 Abril 2015 04:00:16
Juventud con arrugas
Planear el retiro no es sólo cuestión de elegir el sitio de la última morada, sino contar con un soporte económico que permita vivir lo más holgadamente posible.

Eso sería lo ideal, empero, en lo pragmático un joven de veintitantos o treinta y tantos años rara vez reparará en proyectarse hacia el futuro, en preguntarse cómo se visualiza de mayor.

A veces, la tercera edad pilla de la noche a la mañana, el tiempo corre a vuelapluma y atrapa con lo más rudimentario como es el ahorro para el retiro que casi siempre es escaso; la pequeña pensión o constreñida jubilación.

Por esa razón, en la época temprana de los mejores años laborales y productivos del trabajador es cuando debe sembrar por lo que recogerá mañana. Tarde o temprano pasaremos por los 60 o 70 años de edad y quizá no se cuente con la mano cercana de ningún familiar, ni patrimonio inmobiliario, ahorro o pensión que sirva de alivio.

Hay que decirlo sin ambigüedades: El mundo de los mayores será cada vez más amplio y longevo sucederá en el siglo XXI con un incremento notable en la esperanza de vida con la consecuente presión que ello significará en muchos terrenos tanto laborales como en las políticas públicas.

El mercado laboral -de por sí competido y abaratado-, tendrá que atender a los nuevos entrantes jóvenes así como a los adultos mayores reincidentes laboralmente aunque hayan traspasado la edad para irse a su casa y que renuncian a hacerlo porque sin la paga completa no pueden afrontar los gastos acostumbrados.

Y si te echan a la fuerza entonces habrá que ajustarse y sobrevivir. Quid pro quo. En México, lo observamos de forma apremiante, con cientos de personas de la tercera edad laborando de “cerillos” en centros comerciales, guardando la compra del supermercado en bolsas de plástico a cambio de recibir una propinilla voluntaria de parte del consumidor.

Pienso en ese difícil mundo de los mayores sin dinero para curarse, algunos todavía plenos pero con el talento desperdiciado, muchos malviviendo, malcomiendo, con escasas actividades disponibles y accesos difíciles tanto peatonales como para personas con discapacidades.
A COLACIÓN

Pobre futuro nos aguarda como viejos o digámoslo con mayor demagogia posmodernista: “adultos jóvenes” o “jóvenes de la tercera edad”.

Como la pirámide poblacional, su distribución está cambiando, así como el incremento demográfico, la disponibilidad del mercado laboral y la gente es más longeva y el gobierno no tiene dinero (más bien interés y visión) en aplicar políticas públicas de atención a la tercera edad, entonces el panorama cambia drásticamente.

En México, hay varios esquemas de jubilación, con 60 años de edad bajo la Ley del IMSS de 1973 un trabajador puede obtener la cesantía con 500 semanas cotizadas siempre y cuando también no haya perdido una serie de derechos debido a interrupciones laborales.

El otro canal es retirarse a la edad de 65 años con la Ley del IMSS de 1997 que obliga al trabajador a tener 1 mil 250 semanas cotizadas y no haber perdido una serie de derechos.

Existen algunos proyectos que pretenden elevar la edad de jubilación hasta lo más cercana a los 70 años de edad, hacer que la persona trabaje más para garantizarse su solvencia económica en el último tramo de su vida.

Otros países están elevando la edad de jubilación, el modelo europeo no es todavía homogéneo empero diversos países con caída en su tasa de natalidad e incremento en la longevidad de sus habitantes hacen cábalas y múltiples números. Las cuentas no cuadran.

La única salida para el desequilibrio de la pirámide poblacional y laboral es recurrir a la fórmula de trabajar y trabajar, es la nueva esclavitud disfrazada.

Para contar con una pensión modesta habrá que dejarle a la empresa los mejores años de plenitud, millones de horas de desapego familiar y cientos de sueños irrealizables. Así podremos morir en paz.

Por supuesto, siempre y cuando, los colmillos de Hacienda no pretendan seguirnos hasta el más allá para recaudar hasta el último céntimo disponible quizá se inventen en un futuro un impuesto de perpetuidad que deberemos pagar en vida para “disfrutar” cuando estemos mas fríos que nada.

Es que, al menos yo me siento cada vez más helada, estupefacta con la vigilancia de Hacienda extendida ahora a 3.6 millones de pensionados y jubilados tanto del IMSS como del ISSSTE.

Desde que inició el año, cada pensionado ha sido requerido para darse de alta en Hacienda y proporcionar su clave de RFC a la institución de crédito depositaria del derecho laboral ganado. Todavía no se saben las intenciones del fiscal de hierro, pero créame no será nada bueno...
@claudialunapale
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