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Rafael Flores Ramos
Rafael Flores Ramos
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16 Diciembre 2011 04:00:15
La afición taurina de México está de luto
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Sucede que el sábado 10 pasado dejó de existir ARMANDO ROSALES, “EL SALTILENSE”, uno de los mejores fotógrafos taurinos que han existido en los últimos 40 años, ya que con su lente creó nuevas técnicas dentro de la fotografía taurina, en cuanto a la oxidación, dejando un gran legado de fotografías incalculable, respecto a ese arte, que primero, bregando como torero, supo librar varias faenas, una de ellas, la más trascendental de su vida, la pérdida del ojo derecho, el 16 de agosto, toreando un toro quinquenio cornalón de la ganadería de Zotoluca, en la plaza Ojo De Agua, en el Estado de México, que fue cuando decidió incursionar como fotógrafo taurino, logrando ser uno de los mejores, y últimamente luchando en contra de la muerte, ya que sufría una enfermedad gastrointestinal, hasta el sábado pasado, que no pudo hacer la faena final en contra de lo impredecible.

Por lo que, a través de estas líneas le deseo a su familia una pronta resignación por tan irreparable pérdida, así como también a la gran afición dentro de la fiesta más bella de las fiestas: la fiesta brava y la fotografía taurina en México. Descansa en paz Armando.

Por otro lado, referente a lo sucedido en la corrida de toros realizada en la plaza México el pasado domingo, durante la cual los dioses destaparon el frasco de las esencias, cuando Diego Silveti, en su segundo toro de nombre “Charro Cantor”, marcado con el número 72, de 510 k., de la ganadería de Los Encinos, bordó el toreo magistralmente, con una capacidad torera asombrosa, demostrando el gran sitio y oficio que ha adquirido, creando una sinfonía de arte al ejecutar una serie de lances, al recibir al toro, abriéndose de capa con verónicas, tafalleras, cordobinas, que pocas veces se ven, y rematando con una revolera, para después, con la muleta, series de derechazos, con cambiados por la espalda, el de trinchera y con naturales de gran profundidad y recorrido, sin enmendar, rematando con el desdén, al grado de que el público de pie estallara con el grito de ¡torero, torero¡, pidiendo el indulto de “Charro Cantor”, el cual el juez no concedió, tirándose a matar, dejando tres cuartos de espada en todo lo alto, para que así el toro se entregara, al que le dieron una muy merecida vuelta al ruedo, con arrastre lento por sus enormes cualidades y características desarrolladas, dando Diego vuelta al ruedo con las orejas y el rabo, en compañía del ganadero

Por lo que se refiere a la actuación de Talavante, estuvo muy voluntarioso y torero, ya que con su primero realizó una faena muy artística, de mucho sito y valor, exponiendo al grado de que se dejó oler los machos por el toro en varias ocasiones, perdiendo las orejas y el rabo, por fallar a la hora de matar.

Hasta la próxima
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