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19 Octubre 2015 03:00:08
La amenaza del populismo (II)
Por: Guillermo Garza de la Fuente

La semana anterior comentábamos a manera de ejemplos -puede haber muchos más- los casos de Grecia, Venezuela y Argentina, cuyas economías han colapsado precisamente a consecuencia de gobiernos que, en pos de mantener contenta a la población, optaron por políticas populistas con graves consecuencias para la estabilidad económica y social.

Pero como dice el viejo adagio, “No mires la paja en el ojo ajeno, sino la viga en el tuyo”. Podemos rastrear en el tiempo, en el caso particular de nuestro país, diversas huellas, ya sea en forma de políticas públicas, declaraciones o estilos de gobernar, que nos conducen a diversas expresiones de populismo.

México de ninguna manera ha estado exento de este riesgo. No alcanzaría el espacio para enlistar políticas o declaraciones a lo largo de la historia, en las cuales se percibe ese espíritu del populismo.

Resulta difícil encontrar una definición generalmente aceptada, aunque en esencia, cuando escuchamos este término, muchos o casi todos tenemos una idea más o menos clara de lo que quiere decir.

En concreto, podemos estar de acuerdo en que el populismo es un conjunto de acciones que no buscan el bienestar o el progreso de un país, sino que tratan de conseguir la aceptación de los votantes sin importar las consecuencias.

De lo anterior se deriva una conclusión que es fácilmente contrastable en la vida real. Populistas hay muchos y de muy diversos tipos. Son algo así como una especie propensa a camuflarse con relativa facilidad.

Están desde los líderes mesiánicos que se creen los salvadores y los únicos autorizados moral y popularmente para conducir a su pueblo al añorado paraíso, hasta los que, no tan convencidos con esta ideología, se adaptan fácilmente a ella, con base en un cálculo político que saben les redituará en imagen popular y votos para su partido.

Están también los de clóset, aquellos que son pero, por no ser mal vistos o estar alineados a las directrices partidistas, no lo manifiestan abiertamente.

No solamente la izquierda asume la “digna” representación del populismo. En la derecha y en el centro de la clase política también se visualizan señales de ésta.

La oposición a reformas estructurales que durante mucho tiempo encabezó el ahora partido gobernante -aduciendo que atentaban contra la soberanía y los logros del México posrevolucionario-, y ahora el bloqueo por la derecha (ej. Incremento de impuestos), cuando antes las impulsaba, nos hablan de ese populismo de conveniencia.

Aunque hace lo correcto el presidente Enrique Peña Nieto en hacer hincapié sobre la amenaza del populismo, debería ver antes la viga propia que la paja en el ojo ajeno.

Aferrarse desde un principio a la idea de no subir impuestos durante todo su sexenio, sin dar espacio a flexibilizar esa postura en función del entorno internacional y a pesar de contar con una pírrica recaudación tributaria, eso también es una señal de populismo.

Coordinador de carreras jurídico-administrativas de la Universidad La Salle Saltillo.

.(Javascript debe estar habilitado para ver esta direccion de correo) / @guillermo_garza
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