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Federico Muller
Federico Muller
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06 Marzo 2020 04:00:00
La autonomía del Banco de México, ¿en riesgo?
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Es conveniente recordar que la Reserva Federal (Fed) estadunidense hace las funciones de banco central en ese país, pero desde una perspectiva más amplia que la que cumple por mandato constitucional el Banco de México, pues tiene a su cargo además de la estabilización de precios, formular políticas para el crecimiento económico, que sin duda hace más compleja su administración, a pesar de la organizada estructura administrativa y técnica que tiene la Fed, a lo largo del territorio americano.

Es debido a lo anterior que los funcionarios de Banxico mantienen una actitud prudente ante algunas discusiones y propuestas no formales que han surgido en el Congreso de la Unión para asignarle una doble responsabilidad a esa institución financiera: el control de la inflación y el diseño de políticas económicas, tal como lo hace el banco estadunidense. Aparentemente, la actitud de algunos legisladores mexicanos que se inclinan por esa postura es motivada por la ausencia de políticas y programas en pro de la expansión de las actividades económicas, entre ellas la política industrial y de inversión pública, que deberían formular e implementar las dependencias encargadas de reactivar la alicaída economía mexicana, como son la Secretaría de Hacienda y de Economía, entre otras, que sí dependen del Ejecutivo federal, y que no son técnicamente autónomas como el Banco de México.

Vale la pena mencionar que en lo que va de la presente Administración federal aún no aparecen políticas fiscales anticíclicas, expansivas y de largo alcance, o al menos acotadas por el horizonte de tiempo del sexenio, que influyan para lograr un crecimiento económico acorde con los requerimientos del país, la cuales desde el sexenio pasado deberían haber iniciado ante los primeros signos de desaceleración de la economía.

Es más conveniente considerar las opiniones de los senadores y diputados de oposición y del partido del Presidente de la República, que comulgan con una doble función del Banxico, desde un ámbito partidista y popular, lo que implica leerlas entre líneas: una de ellas, la orientación de las propuestas no es realmente ocuparse del aspecto económico del país, sino política: se trata de paulatinamente ir minando la autonomía del banco central, para posteriormente modificar las leyes y estatutos legislativos que lo rigen para regresar nuevamente a que dicha institución financiera sea una dependencia más del Gobierno, cuyo gobernador simplemente obedezca las órdenes del Presidente del país. Al eliminar la autonomía del banco, la centralización del Gobierno se fortalecería, y serían ya muy pocos los contrapesos que enfrentaría el propio Mandatario federal. Un poder que rayaría en los linderos del absolutismo, cuya experiencia nada grata ya se tuvo cuando gobernaba el PRI.

Por otra parte, desde mi punto de vista, sería muy conveniente la coordinación de las políticas fiscales y monetarias -las primeras corresponde formularlas a la SHCP y las otras a Banxico-, aunque en la práctica resulte difícil, pues los intereses que se persiguen han sido diferentes entre las autoridades monetarias y fiscales, no solo en México, sino en otras naciones con regímenes similares al de Banco de México. Valdría la pena al menos intentarlo, aunque hay una interesante discusión teórica entre crecimiento y estabilidad de precios y tasa de desempleo.

Se considera que al inducir el crecimiento económico, particularmente con gasto público, se rompe con los equilibrios en las tasas de inflación y de desempleo, disparándolas, pero las experiencias recientes en varios países desarrollados han mostrado que la teoría señalada no se ha cumplido. Si a los políticos y funcionarios encargados de manejar las variables financieras verdaderamente les interesa el bienestar de las familias mexicanas, no pondrán resistencia en conciliar criterios y trabajar unidos, por el bien de México.   

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