×
Aida Sifuentes
Aida Sifuentes
ver +
Es originaria de Sabinas, Coahuila. Egresó de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Coahuila y actualmente estudia ingeniería civil en la misma universidad. Colaboró en el Centro Cultural Vito Alessio Robles como correctora de estilo, y se ha desempeñado como periodista cultural. Es ajedrecista profesional y lectora por vocación.

" Comentar Imprimir
18 Agosto 2019 03:00:00
La calma violenta
El ajedrez es uno de los deportes más violentos del mundo. No son pocos los ajedrecistas que han sufrido daños físicos y mentales debido al demandante esfuerzo que implica practicarlo de forma profesional: Bobby Fischer, Carlos Torre, Johannes Zukertort, entre otros.

Para el que no sea muy afecto al juego ciencia en su modalidad de competición, tal aseveración podría parecerle una locura; pero los jugadores y aficionados bien saben la capacidad destructiva que puede haber entre dos personas que están sentadas en silencio, durante horas, mientras se limitan a mover los trebejos, anotar las jugadas y pulsar el reloj.

La diferencia es que comúnmente asociamos la violencia con golpes, sangre, o vidrios y monumentos rotos, pero el violentómetro ofrece muy distintas formas en que podemos ser víctimas.

Dadas las protestas feministas de los últimos días, las autoridades y algunos medios de comunicación han encontrado formas muy ingeniosas de tachar de violentas a quienes exigen que sus derechos humanos sean respetados y que se garantice la justicia una vez que se han incumplido. Las opiniones al respecto pueden ser muy variadas y cada quien tiene la libertad de priorizar las pintas en una pared al cuerpo de una menor de edad violada en grupo, pero el sentido de este texto no es hacer la reflexión sobre qué pasaría si fuera tu mamá, tu hermana o tu hija.

Al igual que parece que no sucede nada entre dos ajedrecistas, lo mismo le sucede a las mujeres con el Estado que “en teoría” debería protegernos. No son sólo los violadores que andan por las calles, los proxenetas que manejan redes de trata, las páginas de porno con categorías dedicadas a violaciones públicas y multitudinarias… los causantes y promotores de la violencia en contra de las mujeres son las autoridades que hacen omisiones en sus investigaciones, las perspectivas misóginas al abordar los casos: la revictimización al momento de exponer a las afectadas a largas y repetidas jornadas de declaraciones para señalar “inconsistencias” a la hora de denunciar un delito, la corrupción que permite a violadores confesos ser eximidos de sus culpas, y más casos que no acabaríamos de
enlistar.

La carta de Claudia Sheibaum donde señala “no caerá en la provocación de utilizar la fuerza pública en una manifestación pues es lo que están buscando”, es de las respuestas más violentas que podríamos esperar. Nada se menciona respecto a resolver las demandas de las feministas que exigen justicia por los 7 feminicidios diarios, pero sí que no habrá impunidad para quienes se atrevieron a grafitear unas cuantas paredes.

Volvemos al inicio para demostrar que no se necesitan golpes para ser violentos. Una carta publicada en tuit puede ejercer mayores daños que un puñetazo. Pero, al igual que en el ajedrez, sólo quienes están expuestos a tal opresión son capaces de distinguir los muchos niveles de estragos que se pueden llegar a sufrir.

Una pena este gobierno que no sabe ni gobernarse a sí mismo.
Imprimir
COMENTARIOS



0 1 2 3 4 5