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Federico Muller
Federico Muller
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08 Febrero 2019 03:33:00
La carrera de fórmula 1 en México
Antes de 1970, el modelo económico que seguía el país, que era similar al que llevaban otros estados latinoamericanos, funcionaba aceptablemente porque el contexto mundial también lo favorecía, los avances tecnológicos no eran tan vertiginosos como en la actualidad, lo que permitía una mayor “independencia” de los países con respecto al comercio y flujo de capitales con el resto del mundo. En ese lejano entonces, el Gobierno emanado del PRI tenía una gran injerencia en el crecimiento económico y una de sus mayores intervenciones era a través de la inversión pública, que contribuía a que la tasa del PIB fuera en promedio mayor a 5% anual.

Para la clase media alta y alta mexicana fue una época dorada, particularmente por el amplio poder de compra que tenía el salario o ingreso personal; la moneda mexicana incluso se utilizaba en los contratos de préstamos en el extranjero, particularmente en Estados Unidos y España. La rectoría del Estado llegaba hasta los extremos de poseer salas de cine que administraba, y subsidiaba, aunque nunca representaron una competencia fuerte para los cinemas privados porque estaban destinadas a un sector muy específico de la población. La Administración del presidente Andrés Manuel López Obrador trata de retomar algunas de aquellas políticas públicas exitosas a pesar de las grandes diferencias económicas mundiales que existen entre aquel nostálgico pasado (para algunos adultos mayores) y el contexto presente.

En relación con ello está el subsidio al que se comprometió otorgar el Gobierno (anterior) de la Ciudad de México para que el Gran Premio de México de Fórmula 1 se lleve a cabo anualmente; el contrato estipulado tiene una vigencia de 5 años, de 2015 a 2019 y la aportación pública anual para la carrera es de alrededor de 400 millones de pesos. No obstante, la actual Administración de la ciudad parece ser no está dispuesta a renovarlo en 2020. Para la nueva jefa de gobierno es un gasto oneroso y prefiere canalizar esos recursos a otros fines, aunque no necesariamente se apliquen en la capital. Se habla de que esos recursos podrían encauzarse en apoyo de la construcción del Tren Maya.

Sin embargo, el efecto multiplicador que ha tenido la “inversión pública” en la competencia automovilística también debe tomarse en cuenta en la decisión gubernamental. Según algunas agencias especializadas en administración y mercadotecnia, los beneficios económicos en cuanto a consumo de bienes y servicios turísticos fue mucho mayor que el subsidio estatal. En otras palabras, el evento ha sido rentable para el sector comercio, e indirectamente también incrementa la recaudación pública. Este caso nos recuerda el de la cancelación del aeropuerto en Texcoco, particularmente por el trasfondo político que tiene.

En las políticas públicas que ha formulado el actual Gobierno federal se aprecia una separación grave entre lo político, técnico y económico cuando se proyecta alguna obra o evento. Tal parece que los criterios que privan en el Gobierno son presidencialistas, se forjan en ideologías y creencias muy particulares, desfasadas de la realidad nacional y que desatienden las opiniones de los especialistas. Los secretarios de Turismo y Economía hasta la fecha no han externado su opinión sobre el tema de la Fórmula 1. Tal parece que regresamos a los tiempos del viejo PRI, cuando la figura del Presidente era intocable y no tenía contrapesos en su forma de gobernar.
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