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José Luis del Río y Santiago
José Luis del Río y Santiago
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Actualmente es rector de la iglesia San Pablo Apóstol, ubicada en Los Valdés y encargado de la Comisión de Nuevas parroquias en la Diócesis de Saltillo, y catedrático en el Seminario de Historia de la Iglesia y Teoría Odegética. Su trayectoria por tres décadas en el Ojo de Agua lo distinguen, y más aún el hecho de que sea el único sacerdote exorcista autorizado, estudios que cursó por cuenta propia, además de actualizaciones a través de cinco congresos internacionales.

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26 Septiembre 2011 03:00:50
La celebración eucarística (II de II)
La Iglesia siempre insiste en la necesidad de que todos los fieles sean instruidos “en la Palabra de Dios”. En el centro de la Celebración Eucarística no sólo está “la mesa del Cuerpo del Señor”, sino también, “la mesa de la Palabra de Dios”, a fin de que, por la mejor participación en la Palabra de Dios, los fieles participen, más abundantemente, de los tesoros de la Biblia, de tal manera que, en un determinado número de años, se medite con el pueblo la parte más importante de la Sagrada Escritura. Se recomienda, vivamente, la explicación propia que se hace en la homilía, como parte importante de la misma liturgia, en la que, a través del año litúrgico, se presenten todos los misterios de la fe y las normas de la vida cristiana.

Más todavía, en las Misas de los domingos y de las fiestas de precepto, celebradas con la participación del pueblo, no se omita la homilía.

La Iglesia subraya con fuerza,la importancia de la liturgia de la Palabra, declarando que las dos partes que constituyen, en cierto modo, la misa, esto es, la liturgia de la Palabra y la liturgia eucarística, deben estar unidas entre sí tan estrechamente que formen un solo acto de culto. Es por eso que la iglesia exhorta vivamente a los sacerdotes a que instruyan a los fieles con mucho cuidado, para que participen en la “misa entera”, especialmente los domingos y las fiestas de precepto.

Debido a que la Celebración Eucarística está ligada, de modo vital y orgánico, con toda la vida cristiana, que tiene como ley suprema el servicio al prójimo en la caridad, (que hoy significa el servicio a todos los hombres), bien se comprende esta otra recomendación: que sea restaurada, después del Evangelio, la homilía, la “oración común”, llamada también “de los fieles”, de tal manera que, con la participación del Pueblo, se hagan especiales oraciones por la Santa Iglesia, por aquellos que nos gobiernan, por todos los que se encuentren en diversas necesidades, por todos los hombres y por la salvación de todo el mundo.

La Iglesia siempre nos recomienda mucho, que para realizar una participación más plena en la misa, los fieles, después de la comunión del sacerdote, reciban el Cuerpo del Señor, a través de la comunión sacramental, inclusive que, cuando sea posible, los laicos la reciban “bajo las dos especies” de pan y vino consagrados.
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