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Dalia Reyes
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02 Abril 2019 04:00:00
La certeza
Mi entrevistada en radio la semana anterior narró cómo logró liberar a su persona del centro de gravedad que la tenía predestinada a ser señora y ama de casa. Su historia me llevó a recordar otras muchas en donde lo inesperado encamina hacia lo imposible; creo, entonces, que en épocas pasadas había o demasiadas certezas o muchísimos milagros.

Las generaciones humanas, aunque bautizadas según las edades, no tienen un momento específico para terminar una y empezar otra; todavía mi persona alcanzó el rabo de la intención paterna -y materna- de no invertir demasiado en las mujeres sino encaminarlas a un “buen matrimonio”. No me lo dijeron abiertamente, pero sí con fueron explícitos al afirmar que no había recursos para mi universidad.

Desde esa perspectiva, yo soy un milagro social escapado de las garras tradicionales de la predestinación; también mi hermana lo es y veterinaria quien cuida animales en el Yukón; en la misma lista está Emma Encinas, primera piloto mexicana, y Marie Curie primera mujer premio nobel. Concedo membresía a este club a Benito Juárez, primer indígena presidente.

Mi lista milagrosa es muy pobre, pues la historia registra miles de excepciones a reglas tradicionales como: Las mujeres no estudian, no hacen política, son débiles, no sobreviven sin un hombre; los pobres no tienen oportunidad para destacar; las personas con necesidades especiales están condenadas al anonimato. Así las cosas, si hay tantas excepciones, me parece que la regla se ha puesto a prueba demasiadas veces y ya toca replantearla.

Las certezas con las cuales se construyó la sociedad por cientos de años se derrumbaron a fuerza de milagros; hoy se volvió regla lo contrario: Todo es incierto, y aprender a manejar la incertidumbre como una oportunidad es el reto para todos, principalmente los adultos, quienes, acostumbrados a trazar caminos, estamos heredando inseguridad a los más chicos a resultas de nuestra poca capacidad de adaptación.

Nunca existió la certeza plena, ni siquiera en la ciencia. Los destinos previstos para las mujeres, los pobres, los enfermos no fueron más que una montaña de mitos.

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