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Dalia Reyes
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19 Marzo 2019 03:30:00
La chancla y el tacón
El título de este artículo bien podría estar en la discografía de Los Montañeses del Álamo o Lupe Esparza. Mi objetivo, en cambio, no es festivo, sino melancólico, porque la sociedad mexicana bien puede dividirse en dos eras, a saber, antes y después de la chancla materna como adminículo de control y adiestramiento.

En un programa norteamericano de emergencias médicas dramatizaron el caso de una joven a quien su amiga –su mejor amiga– le clavó el tacón de su zapato, cuyo largo se extendía a 15 centímetros, en un pómulo. Fue una discusión sin importancia, alegaba la mujer, a quien su estado de embriaguez la dotaba de suficiente adrenalina para no torturarla con el dolor de la herida y el correspondiente a la pérdida de su amiga.

Esa dramatización vino a responder la pregunta realizada por millones de personas referente a por qué el uso de la chancla materna quedó en el pasado. Es obvio cuando nos damos cuenta que ahora una gran cantidad de madres ya no usan chancla y se montan en tacones, cuya estructura y precio los eximen de convertirse en herramientas para la educación de los hijos.

La chancla pulcra, suave, decorada, era una seña de vida ordenada, sencilla, pero feliz. Su manejo tenía cierta técnica, sobre todo en lo relacionado con la velocidad, pues, para ser sincera, yo nunca logré detectar el trayecto de la mano dirigiéndose hasta el pie, el cual, seguramente, colaboraba con el movimiento alzándose lo suficiente para que los dedos tomaran la pieza con cuidado y determinación justo de la cintura chancletal.

Ya entre los dedos, las madres podían hacer toda clase de suertes con el calzado, igualando a los pialadores tras la res. En la misma categoría que la mirada, la chancla materna ejercía su poder y hegemonía sin necesidad de ponerse en movimiento, pues su sola presencia recordaba, al mismo tiempo, autoridad, normativa, reglamento y castigo.

Las madres ya no quieren andar en chanclas. Ese cambio, más allá de simple moda y lucimiento, ha sido responsable de un cambio social significativo en las nuevas generaciones. Eso y más cabe en una chancla.

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