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Fausto Fernández Ponte
Fausto Fernández Ponte
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Don fausto fernández ponte es poseedor de un impresionante y sólido currículum: 50 años de periodista profesional. Su opinión y columnas periodísticas son respetadas en ese ámbito, por el prestigio que a pulso se ha ganado, es considerado una autoridad en su campo. Además de corresponsal de guerra, ha entrevistado a jefes de estado y de gobierno de la talla de Lyndon B. Johnson, Richard M. Nixon, Indira Gandhi y William Clinton.

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05 Febrero 2010 05:08:01
La Constitución
‘¡Al Diablo con las instituciones!’: AMLO

A propósito del aniversario nonagésimo tercero de la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, no serían pocos los connacionales que piensan que aquella es conculcada y violada por el poder político del Estado.

Esa conculcación y violación es expresión de una cultura del poder que utiliza el Texto Fundamental sólo un enser de simulación de un estado de derecho que exprésase a todas luces incongruente. Las instituciones son ignoradas, si no burladas adrede.

Hágase la salvedad de que la Constitución vigente no es la misma que se promulgó en 1917. La Carta Magna mexicana ha sufrido, desde entonces, casi 700 modificaciones, la mayoría de ellas inspiradas en móviles políticos facciosos y ajenos al interés social.

Carlos Salinas, por citar un caso emblemático, promovió y logró durante su presidencialados tantas modificaciones que destruyó el espíritu y, ni se diga, la letra de la Constitución, para adecuarla al proyecto político propio y de Estados Unidos.

Ese proyecto político, sábese bien entre los mexicanos nacionalistas de vanguardia, tiene su epítome en el llamado Consenso de Washington, por el cual el imperialismo geoeconómico y político de EU se anexó, de hecho, a México. Provincia de EU.

Esa anexión de hecho –que no de derecho— es un sucedido factual y, por tanto, conforma un verismo insoslayable aun para aquellos que, por inconsciencia acerca de la realidad, no han registrarlo ni discernido objetivamente esa aplastante realidad.

Y es que bajo cualesquier definiciones, México es un protectorado estadounidense, gobernado –en el caso, cabría decir desgobernado— por autoridades propias elegidas mediante esquemas de simulación y manipulación de los medios de control social.

Así asumió el señor Salinas el poder: la “caída” del sistema de cómputo de votos obedeció a esos imperativos, por lo cual las ciencias políticas identifican dicha asunción como un golpe de Estado técnico. Se insertó en la historia como un golpista.

Y así asumió Felipe Calderón la investidura presidencial espuria. El dictamen del Tribunal Electoral que lo ungió se inspiró no en la primacía constitucional, sino en la de códigos secundarios, desestimando evidencias claras de irregularidades premeditadas.

Es más, el Tribunal formuló y emitió en ese dictamen juicios de valor extraños a la lógica y el sentido común, usurpando incluso potestades de legislador al resolver que contar voto por voto y anular la elección “perjudicaría” al pueblo.

La Constitución es letra muerta como norma prescriptiva primordial. En la práctica ha sido despojado de su primacía aun para el poder político del Estado y aun para quienes imparten justicia, inspirados en códigos secundarios.
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